(Nota publicada hoy, 10 de febrero de 2011, en Página/12)
La hipocresía de Occidente
(Por Robert Fisk, para The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12. Traducción: Celita Doyhambéhère).
No hay nada como una revolución árabe para mostrar la hipocresía de nuestros amigos. Especialmente si esa revolución es una de civilidad y humanismo e impulsada por una abrumadora exigencia para tener el tipo de democracia que disfrutamos en Europa y en Estados Unidos. Las indecisas tonterías musitadas por Obama y la Clinton durante estas últimas dos semanas son sólo parte del problema. De “estabilidad” a la “tormenta perfecta” hemos terminado con el presidencial “ahora-significa-ayer” y “transición ordenada”, que se traduce: nada de violencia mientras el ex general de la fuerza aérea Murabak es llevado a pastar para que el ex general de inteligencia Suleimán pueda hacerse cargo del régimen en nombre de Estados Unidos e Israel.
Fox News ya les dijo a sus televidentes en Estados Unidos que los Hermanos Musulmanes –uno de los grupos islámicos más “suaves” en Medio Oriente– están detrás de los valientes hombres y mujeres que se animaron a resistir a la policía de seguridad estatal, mientras calla la masa de “intelectuales” franceses: las comillas son esenciales para mandapartes como Bernard-Henri Levy que se ha convertido, según Le Monde,, en “la intelligentsia del silencio”.
Y todos sabemos por qué. Alain Finkelstein habla de su “admiración” por los demócratas, pero también de la necesidad de “vigilancia” –y esto es un punto bajo en cualquier “filósofo”– “porque hoy todos sabemos sobre todo, que no sabemos cuál va a ser el resultado”. Esta cita casi rumsfeldiana está dorada por las propias ridículas palabras de Lévy, “es esencial tener en cuenta la complejidad de la situación”. Curiosamente, eso es exactamente lo que los israelíes dicen cuando algún occidental insensato sugiere que Israel debería dejar de robar tierra árabe en Cisjordania para sus colonias.
En verdad, la propia reacción de Tel Aviv a los importantes eventos en Egipto –que éste puede no ser el momento para la democracia en Egipto (permitiendo así mantener el título de “la única democracia en Medio Oriente”)– ha sido tan inverosímil como contraproducente.
Israel estará mucho más seguro rodeado por verdaderas democracias que por despiadados dictadores y reyes autocráticos. Para su enorme crédito, el historiador francés Daniel Lindenberg dijo la verdad esta semana. “Debemos admitir la realidad: muchos intelectuales creen, en lo profundo, que el pueblo árabe es congénitamente atrasado.”
No hay nada nuevo en esto. Se aplica a nuestros sentimientos recónditos sobre todo el mundo musulmán. La canciller Angela Merkel de Alemania anuncia que el multiculturalismo no funciona, y un pretendiente a la familia real de Baviera me dijo, no hace tanto tiempo, que hay demasiados turcos en Alemania porque “no quieren ser parte de la sociedad alemana”. Sin embargo, cuando Turquía mismo –lo más cercano a la perfecta mezcla de islamismo y democracia que uno puede encontrar en Medio Oriente ahora mismo– pide unirse a la Unión Europea y compartir nuestra civilización occidental, buscamos desesperadamente cualquier remedio, no importa cuán racista sea, para evitar que sea miembro.
En otras palabras, queremos que sean como nosotros, siempre que se queden aparte. Y luego, cuando prueban que quieren ser como nosotros pero no quieren invadir Europa, hacemos lo que podemos para instalar otro general entrenado en Estados Unidos para que los gobierne. Así como Paul Wolfowitz reaccionó a la negativa del Parlamento turco a permitir que los tropas de Estados Unidos invadieran Irak desde el sur de Turquía preguntando si “los generales no tienen nada que decir sobre esto”, ahora estamos reducidos a escuchar mientras el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, pondera al ejército egipcio por su “restricción”, aparentemente no dándose cuenta de que es el pueblo de Egipto, los que proponen la democracia, los que deberían ser ponderados por su restricción y no violencia y no un montón de brigadieres.
De manera que cuando los árabes quieren dignidad y autorrespeto, cuando gritan por su propio futuro que Obama señaló en su famoso –ahora supongo que infame– discurso en El Cairo, les faltamos el respeto. En lugar de darle la bienvenida a sus exigencias democráticas, los tratamos como si fueran un desastre.
jueves, 10 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
La Patria Consoladora
Este texto lo recibí en 2008. Desconozco su autor, ya que fue una cadena. Sin embargo, me saco el sombrero ante aquel (quien quiera que sea) que lo haya escrito; y creo que nunca está de más compartirlo.
LA PATRIA CONSOLADORA
Un día como hoy pero de 1980, suponéte, que yo heredé una fábrica de consoladores.
Durante 20 años la pude mantener de pedo. Hacía consoladores para la Argentina porque
mis costos eran muy altos y mi fábrica no era competitiva para exportarlos. Los
consoladores taiwaneses y los de India eran mucho más baratos. En fin, suponéte que
mi problema era que por cada peso que yo ponía, mi fabrica podía producir solamente 5
ctvs. más. Esto en las mejores épocas. En otras, suponéte, que directamente perdía
plata. Ahora, los taiwaneses, por cada peso invertido ganaban 40 ctvs., con lo cual,
ellos podían bajar el precio de venta de sus consoladores para competir con los míos
y es así que ellos vendían más consoladores que yo.
Para fines de los ´90 mi fábrica estaba fundida y yo debía mucha plata al banco.
Ahora, suponéte que un día el gobierno decide devaluar la moneda. En el gobierno
piensan que si se devalúa la moneda se favorece a la producción porque se achican los
costos nacionales en relación al precio internacional. A mí me re conviene porque
puedo empezar a ganar más plata por cada peso invertido y así puedo competir con los
consoladores taiwaneses. Para devaluar la moneda la sociedad entera tiene que pagar el
costo: luego de una devaluación los sueldos de toda la gente valen menos que antes,
aunque en números sea lo mismo, pueden comprar muchas menos cosas. Igualmente la
sociedad decide hacer ese esfuerzo porque sirve para reactivar la producción y generar
trabajo para todos.
El gobierno, en su decisión de favorecer a la producción, me refinancia mi deuda con
el banco, me da una tasa de interés muy barata y yo puedo quedarme con mi fábrica.
Además, para mantener el precio de la moneda devaluada sale a comprar dólares todo el
tiempo, miles de millones de dólares para que los consoladores argentinos sean
competitivos. Encima, como yo para hacer consoladores necesito goma y la goma es un
derivado del petróleo y como el petróleo tiene precio internacional y está en
dólares y cada vez más caro, el gobierno me rebaja el costo de la goma,
subsidiándola. Tanto la plata para pagar mi deuda con el banco, como la plata para
mantener alto el dólar, como la plata para financiarme la goma, sale de las arcas
nacionales, del Estado. Es así que, entonces, todos los argentinos ayudan a pagar mis
deudas y a financiarme los costos de mi producción.
En fin, ahora yo tengo mi fábrica con una rentabilidad bárbara de 35 por ciento por
cada peso que invierto. Encima, se reactivaron todas las fábricas del país, creció
el trabajo y los salarios. Ya van 5 años seguidos en que la situación mejora cada
día. Mi actividad está tan subvencionada que prácticamente no tengo riesgo
empresario, es decir, tengo que hacer fuerza para que me vaya mal.
¿Y entonces qué pasa? Pasa que de golpe en China hay una revolución sexual. Todas
las chinas se revelan, se cansan de que los chinitos no se pongan las pilas en la
catrera y salen como locas a comprar consoladores de goma. Miles de millones de chinas
-desesperadas- haciendo cola para comprar artefactos que satisfagan sus necesidades. En
China, el gobierno declara la Emergencia Sexual y saca una Ley de Seguridad Consolante:
abre las fronteras, sin impuestos, para todos los consoladores del mundo que quieran
entrar en la China. El precio internacional de los consoladores se dispara, un
consolador sale dos, tres, hasta cuatro veces lo que salía antes.
A mí me viene al pelo. Suponéte que, de pronto y por una cuestión ajena, por cada
peso invertido puedo sacar hasta dos pesos con treinta centavos, ¡una rentabilidad del
130 por ciento! De golpe, hacer consoladores no sólo es una actividad que me permite
vivir bien, ahora me permite hacerme millonario. Y eso que sigo siendo un 'pequeño
productor de consoladores', que no es lo mismo que 'productor de pequeños
consoladores'. Así y todo estoy ganando, suponéte, 40.000 pesos por mes. Chocho.
¿Pero qué pasa? Como hacer consoladores es tan rentable, muchos de los que hacen
fideos, remeras, lapiceras, latas de comida, remedios o galletitas se vuelcan
masivamente a la industria del consolador porque todos quieren hacer mucha plata,
obviamente. Como consecuencia, en Argentina pasan tres cosas:
1. Todos los consoladores se venden al exterior, dejando a los consumidores de
consoladores argentinos sin el producto o al mismo precio que se paga afuera
(carísimo). Como nuestros sueldos están devaluados y están devaluados para que se
puedan fabricar un montón de cosas, esta consecuencia es absolutamente injusta ya que
hacemos el sacrificio para que se puedan fabricar consoladores pero nos quedamos sin la
capacidad adquisitiva para poder comprarlos.
2. Como consecuencia de que muchas fábricas se cambian al rubro de los consoladores
de goma, se dejan de fabricar muchas cosas y al haber menos cantidad de esas cosas,
aumentan de precio, con lo cual nuestros sueldos pierden poder adquisitivo con respecto
a todos los productos.
3. Además, como es tan rentable hacer consoladores, mi fábrica aumenta de precio.
Antes valía 100.000 pesos, ahora vale 500.000 pesos. Entonces yo ahora ya ni siquiera
trabajo. Directamente me conviene alquilar mi fábrica a otro que la trabaje mientras
yo me rasco el higo todo el día. Vienen fondos de inversión, pooles empresarios y
empiezan a alquilar fábricas en todo el país y las dedican a la producción de
consoladores.
El gobierno, entonces, tiene que hacer algo. Porque la gente lo votó por haber
reactivado la economía pero siempre y cuando los sueldos alcancen para vivir, lo cual
es lógico. La gente aceptó pagar el costo de la deuda de los sectores productivos,
pero a cambio de poder trabajar y comer, como mínimo y, por ahí, en el mejor de los
casos, progresar.
Y lo que hace el gobierno es ponerme retenciones móviles a la exportación de
consoladores, con lo cual, ahora mi rentabilidad vuelve a ser del 30 por ciento. Cuando
aumenta mucho el precio del consolador, aumentan las retenciones; cuando baja el precio
del consolador, baja la retención. Yo siempre gano lo mismo, o sea, mucho: 30 por
ciento anual, que es seis veces más que lo que gana una fábrica de consoladores en
cualquier lugar del mundo.
Suponéte que, entonces, yo soy un tipo muy irracional y egoísta. Suponéte que
además no tengo memoria, no me acuerdo de lo mal que me iba antes y me olvido,
además, de los esfuerzos que hizo toda la sociedad para que a mí me vaya bien. De
golpe me junto con todos los productores de consoladores y me pongo a armar un gran
quilombo. Corto las rutas y no permito el paso de ningún otro producto. Genero
desabastecimiento, suben los precios, la gente pierde aún más poder adquisitivo, etc.
Para justificarme, me dedico junto a mis compañeros fabricantes de consoladores a
diseñar un discurso que me exculpe de mis acciones antipopulares y desestabilizadoras:
'Consoladores=Patria', 'Paja o Muerte', 'Todos somos Consoladores', 'No al Aborto, Sí
al Consolador', 'Con los Consoladores estábamos mejor', 'K tirame la goma'.
La oposición y los medios me apoyan, aunque lo hagan solamente porque están en contra
del gobierno y se aprovechan de la situación. Suponéte que a mí no me importa y me
aprovecho también de ese apoyo.
Hasta acá la historia es igual a la del campo. Pero suponéte que en vez de pasar lo
mismo que pasa con el campo, en el conflicto de los consoladores pase otra cosa.
Suponéte que de golpe, el gobierno dice: 'Bueno, tenés razón. Te voy a sacar las
retenciones móviles.' Yo me pongo re contento, hago un acto en Rosario y salto de
alegría por haber ganado la batalla junto a todos mis amigos de la Sociedad
Consoladora Argentina, el Pro y la Carrió que apoya cuanto consolador se le cruza.
Gané la batalla.
Al otro día, el gobierno dice: 'Te saqué las retenciones, pero también se las saqué
al petróleo y además dejé de comprar dólares para mantener el tipo de cambio y,
además, ¿sabés qué?, voy a dejar de financiarte tus deudas con el banco y voy a
liberar las paritarias para que los trabajadores exijan los sueldos que quieran y voy a
dejar de hacer rutas para transportar consoladores y voy a mandar esa guita para hacer
hoteles de alojamiento populares y además voy a lanzar un montón de medidas para
fiscalizar a la producción de consoladores porque ese sector es el que más evade
impuestos en nuestro país.'
Entonces, aumenta la goma en dólares. Y el costo del trabajo aumenta a valores
europeos. Y encima tengo más presión fiscal y se me va un 33 por ciento de la
ganancia que antes no pagaba porque me hacia el dolobu. Para colmo, se revalúa la
moneda porque ya el gobierno no sale a comprar dólares, con lo cual la diferencia que
hacía antes en el mercado internacional se achica. Ahora no tengo retenciones y,
aunque sigo ganando plata, gano inclusive menos que cuando tenía retenciones.
Un día se acaba la fiesta sexual en China. Las minitas vuelven todas al lecho
masculino porque los chinitos se pusieron a estudiar tantra como locos y ahora pueden
mantener una erección durante 48 horas seguidas. El sexo adquiere la calidad de
'Actividad Protegida por la República Popular China'. Por efecto de la
transnacionalización de la cultura oriental, se abren escuelas de tantra en todo el
mundo. Los consoladores pasan de moda. El pene, viejo y peludo nomás, vuelve a ser el
mejor amigo entre las chinitas de todo el mundo. Los hombres readquieren su seguridad,
pues se habían visto reemplazados por simples pedazos de goma. Al haber volcado sus
esfuerzos en hacer la vida de sus compañeras más placenteras, abandonando el egoísmo
sexual que los caracterizaba, la humanidad entera se encamina hacia una época más feliz.
Suponéte que en Argentina ahora nos tapan los consoladores. No nos sirven para nada.
Encima perdimos la capacidad de producir cualquier otra cosa. No nos tecnificamos, no
nos modernizamos, no diversificamos nuestra producción, en fin, se nos pasó el tren.
Ahora mi actividad no tiene ni renta extraordinaria ni el apoyo del estado. Suponéte
que tengo miles de cajas llenas de penes de goma y que me los tengo que meter en el
culo.
Suponéte.
LA PATRIA CONSOLADORA
Un día como hoy pero de 1980, suponéte, que yo heredé una fábrica de consoladores.
Durante 20 años la pude mantener de pedo. Hacía consoladores para la Argentina porque
mis costos eran muy altos y mi fábrica no era competitiva para exportarlos. Los
consoladores taiwaneses y los de India eran mucho más baratos. En fin, suponéte que
mi problema era que por cada peso que yo ponía, mi fabrica podía producir solamente 5
ctvs. más. Esto en las mejores épocas. En otras, suponéte, que directamente perdía
plata. Ahora, los taiwaneses, por cada peso invertido ganaban 40 ctvs., con lo cual,
ellos podían bajar el precio de venta de sus consoladores para competir con los míos
y es así que ellos vendían más consoladores que yo.
Para fines de los ´90 mi fábrica estaba fundida y yo debía mucha plata al banco.
Ahora, suponéte que un día el gobierno decide devaluar la moneda. En el gobierno
piensan que si se devalúa la moneda se favorece a la producción porque se achican los
costos nacionales en relación al precio internacional. A mí me re conviene porque
puedo empezar a ganar más plata por cada peso invertido y así puedo competir con los
consoladores taiwaneses. Para devaluar la moneda la sociedad entera tiene que pagar el
costo: luego de una devaluación los sueldos de toda la gente valen menos que antes,
aunque en números sea lo mismo, pueden comprar muchas menos cosas. Igualmente la
sociedad decide hacer ese esfuerzo porque sirve para reactivar la producción y generar
trabajo para todos.
El gobierno, en su decisión de favorecer a la producción, me refinancia mi deuda con
el banco, me da una tasa de interés muy barata y yo puedo quedarme con mi fábrica.
Además, para mantener el precio de la moneda devaluada sale a comprar dólares todo el
tiempo, miles de millones de dólares para que los consoladores argentinos sean
competitivos. Encima, como yo para hacer consoladores necesito goma y la goma es un
derivado del petróleo y como el petróleo tiene precio internacional y está en
dólares y cada vez más caro, el gobierno me rebaja el costo de la goma,
subsidiándola. Tanto la plata para pagar mi deuda con el banco, como la plata para
mantener alto el dólar, como la plata para financiarme la goma, sale de las arcas
nacionales, del Estado. Es así que, entonces, todos los argentinos ayudan a pagar mis
deudas y a financiarme los costos de mi producción.
En fin, ahora yo tengo mi fábrica con una rentabilidad bárbara de 35 por ciento por
cada peso que invierto. Encima, se reactivaron todas las fábricas del país, creció
el trabajo y los salarios. Ya van 5 años seguidos en que la situación mejora cada
día. Mi actividad está tan subvencionada que prácticamente no tengo riesgo
empresario, es decir, tengo que hacer fuerza para que me vaya mal.
¿Y entonces qué pasa? Pasa que de golpe en China hay una revolución sexual. Todas
las chinas se revelan, se cansan de que los chinitos no se pongan las pilas en la
catrera y salen como locas a comprar consoladores de goma. Miles de millones de chinas
-desesperadas- haciendo cola para comprar artefactos que satisfagan sus necesidades. En
China, el gobierno declara la Emergencia Sexual y saca una Ley de Seguridad Consolante:
abre las fronteras, sin impuestos, para todos los consoladores del mundo que quieran
entrar en la China. El precio internacional de los consoladores se dispara, un
consolador sale dos, tres, hasta cuatro veces lo que salía antes.
A mí me viene al pelo. Suponéte que, de pronto y por una cuestión ajena, por cada
peso invertido puedo sacar hasta dos pesos con treinta centavos, ¡una rentabilidad del
130 por ciento! De golpe, hacer consoladores no sólo es una actividad que me permite
vivir bien, ahora me permite hacerme millonario. Y eso que sigo siendo un 'pequeño
productor de consoladores', que no es lo mismo que 'productor de pequeños
consoladores'. Así y todo estoy ganando, suponéte, 40.000 pesos por mes. Chocho.
¿Pero qué pasa? Como hacer consoladores es tan rentable, muchos de los que hacen
fideos, remeras, lapiceras, latas de comida, remedios o galletitas se vuelcan
masivamente a la industria del consolador porque todos quieren hacer mucha plata,
obviamente. Como consecuencia, en Argentina pasan tres cosas:
1. Todos los consoladores se venden al exterior, dejando a los consumidores de
consoladores argentinos sin el producto o al mismo precio que se paga afuera
(carísimo). Como nuestros sueldos están devaluados y están devaluados para que se
puedan fabricar un montón de cosas, esta consecuencia es absolutamente injusta ya que
hacemos el sacrificio para que se puedan fabricar consoladores pero nos quedamos sin la
capacidad adquisitiva para poder comprarlos.
2. Como consecuencia de que muchas fábricas se cambian al rubro de los consoladores
de goma, se dejan de fabricar muchas cosas y al haber menos cantidad de esas cosas,
aumentan de precio, con lo cual nuestros sueldos pierden poder adquisitivo con respecto
a todos los productos.
3. Además, como es tan rentable hacer consoladores, mi fábrica aumenta de precio.
Antes valía 100.000 pesos, ahora vale 500.000 pesos. Entonces yo ahora ya ni siquiera
trabajo. Directamente me conviene alquilar mi fábrica a otro que la trabaje mientras
yo me rasco el higo todo el día. Vienen fondos de inversión, pooles empresarios y
empiezan a alquilar fábricas en todo el país y las dedican a la producción de
consoladores.
El gobierno, entonces, tiene que hacer algo. Porque la gente lo votó por haber
reactivado la economía pero siempre y cuando los sueldos alcancen para vivir, lo cual
es lógico. La gente aceptó pagar el costo de la deuda de los sectores productivos,
pero a cambio de poder trabajar y comer, como mínimo y, por ahí, en el mejor de los
casos, progresar.
Y lo que hace el gobierno es ponerme retenciones móviles a la exportación de
consoladores, con lo cual, ahora mi rentabilidad vuelve a ser del 30 por ciento. Cuando
aumenta mucho el precio del consolador, aumentan las retenciones; cuando baja el precio
del consolador, baja la retención. Yo siempre gano lo mismo, o sea, mucho: 30 por
ciento anual, que es seis veces más que lo que gana una fábrica de consoladores en
cualquier lugar del mundo.
Suponéte que, entonces, yo soy un tipo muy irracional y egoísta. Suponéte que
además no tengo memoria, no me acuerdo de lo mal que me iba antes y me olvido,
además, de los esfuerzos que hizo toda la sociedad para que a mí me vaya bien. De
golpe me junto con todos los productores de consoladores y me pongo a armar un gran
quilombo. Corto las rutas y no permito el paso de ningún otro producto. Genero
desabastecimiento, suben los precios, la gente pierde aún más poder adquisitivo, etc.
Para justificarme, me dedico junto a mis compañeros fabricantes de consoladores a
diseñar un discurso que me exculpe de mis acciones antipopulares y desestabilizadoras:
'Consoladores=Patria', 'Paja o Muerte', 'Todos somos Consoladores', 'No al Aborto, Sí
al Consolador', 'Con los Consoladores estábamos mejor', 'K tirame la goma'.
La oposición y los medios me apoyan, aunque lo hagan solamente porque están en contra
del gobierno y se aprovechan de la situación. Suponéte que a mí no me importa y me
aprovecho también de ese apoyo.
Hasta acá la historia es igual a la del campo. Pero suponéte que en vez de pasar lo
mismo que pasa con el campo, en el conflicto de los consoladores pase otra cosa.
Suponéte que de golpe, el gobierno dice: 'Bueno, tenés razón. Te voy a sacar las
retenciones móviles.' Yo me pongo re contento, hago un acto en Rosario y salto de
alegría por haber ganado la batalla junto a todos mis amigos de la Sociedad
Consoladora Argentina, el Pro y la Carrió que apoya cuanto consolador se le cruza.
Gané la batalla.
Al otro día, el gobierno dice: 'Te saqué las retenciones, pero también se las saqué
al petróleo y además dejé de comprar dólares para mantener el tipo de cambio y,
además, ¿sabés qué?, voy a dejar de financiarte tus deudas con el banco y voy a
liberar las paritarias para que los trabajadores exijan los sueldos que quieran y voy a
dejar de hacer rutas para transportar consoladores y voy a mandar esa guita para hacer
hoteles de alojamiento populares y además voy a lanzar un montón de medidas para
fiscalizar a la producción de consoladores porque ese sector es el que más evade
impuestos en nuestro país.'
Entonces, aumenta la goma en dólares. Y el costo del trabajo aumenta a valores
europeos. Y encima tengo más presión fiscal y se me va un 33 por ciento de la
ganancia que antes no pagaba porque me hacia el dolobu. Para colmo, se revalúa la
moneda porque ya el gobierno no sale a comprar dólares, con lo cual la diferencia que
hacía antes en el mercado internacional se achica. Ahora no tengo retenciones y,
aunque sigo ganando plata, gano inclusive menos que cuando tenía retenciones.
Un día se acaba la fiesta sexual en China. Las minitas vuelven todas al lecho
masculino porque los chinitos se pusieron a estudiar tantra como locos y ahora pueden
mantener una erección durante 48 horas seguidas. El sexo adquiere la calidad de
'Actividad Protegida por la República Popular China'. Por efecto de la
transnacionalización de la cultura oriental, se abren escuelas de tantra en todo el
mundo. Los consoladores pasan de moda. El pene, viejo y peludo nomás, vuelve a ser el
mejor amigo entre las chinitas de todo el mundo. Los hombres readquieren su seguridad,
pues se habían visto reemplazados por simples pedazos de goma. Al haber volcado sus
esfuerzos en hacer la vida de sus compañeras más placenteras, abandonando el egoísmo
sexual que los caracterizaba, la humanidad entera se encamina hacia una época más feliz.
Suponéte que en Argentina ahora nos tapan los consoladores. No nos sirven para nada.
Encima perdimos la capacidad de producir cualquier otra cosa. No nos tecnificamos, no
nos modernizamos, no diversificamos nuestra producción, en fin, se nos pasó el tren.
Ahora mi actividad no tiene ni renta extraordinaria ni el apoyo del estado. Suponéte
que tengo miles de cajas llenas de penes de goma y que me los tengo que meter en el
culo.
Suponéte.
jueves, 27 de enero de 2011
Nota de Página/12 de hoy, Suplemento Cash
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO Y EL TRABAJO GOLONDRINA
Peones rurales
(Nota de Por Enrique M. Martinez, Presidente del INTI).
Apareció el trabajo golondrina en los medios nacionales. Comenzó el reparto de culpas sobre las causas de las malas a muy malas condiciones de trabajo de las cuadrillas de desfloradores de maíz, cosechadores de arándanos o uva o tantas otras tareas manuales que subsisten en la economía agropecuaria argentina. Varias de esas labores podrían ser mecanizadas, como sucedió con la zafra azucarera o la cosecha de algodón, pero no lo son por la displicencia empresaria que apela al trabajo humano mal pago. Otras son necesariamente manuales y nadie analizó seriamente antes de comenzar la actividad –como en el caso de los arándanos– si el negocio justificaba llevar a algunos miles de compatriotas a trabajar en condiciones poco dignas. Simplemente, lo pusieron en el costo, les dio bien y avanzaron.
En este burbujeo mediático sobre una actividad que tiene casi 150 años de historia, es probable que se establezcan reglamentaciones más rigurosas y sistemas de vigilancia más estrictos. Sin embargo, no nos estamos haciendo la pregunta clave. ¿Es socialmente aceptable que subsista el trabajo golondrina? Una comunidad donde este tipo de trabajo es dominante, tiene algunas características asociadas:
- Además de la ausencia por meses de jóvenes y adultos en buena condición física, suelen ir las mujeres jóvenes a trabajar de empleadas domésticas en las grandes ciudades.
- Las familias quedan desintegradas en términos prácticos, a cargo de las mujeres mayores, que cuidan los ancianos, sus hijos propios y los periódicos hijos de las chicas migrantes.
- El único trabajo permanente en el lugar es el relacionado con la administración del Estado: municipalidad, policía, educación, salud. No hay huertas, no hay tambos, porque no hay quien los atienda, casi no hay producción local, siquiera de alimentos, salvo tal vez la panadería.
¿En realidad hay comunidades donde el trabajo golondrina es lo dominante? ¿No se describe un escenario que no existe? Hay al menos uno, que es el núcleo duro de oferta golondrina, que comprende a todas las ciudades que nacieron a la vera del río Dulce, hacia el sur de Santiago del Estero, la mayoría antes de la segunda fundación de Buenos Aires. Loreto, Salavina, Villa Atamisqui y varios otros pueblos, vivieron, antes y después de la colonia, de la agricultura y la ganadería menor y mayor, usando técnicas de riego similares a las del río Nilo en Egipto, ya que allí el Dulce desbordaba periódicamente y cuando se retiraba dejada el mítico limo fértil, sobre el cual crecían lujuriosos el maíz, la alfalfa, los melones.
Esta era la zona más poblada y con mejores perspectivas del sur santiagueño, hasta que se cruzó Domingo Sarmiento. El sanjuanino había tenido como tenaz opositor a su nombramiento como presidente al gobernador de la provincia, Manuel Taboada, en aquella Argentina donde no había internas partidarias ni generales, ni sufragio universal, sino roscas sangrientas. No se le ocurrió mejor revancha que diseñar la traza del ferrocarril a Tucumán sin pasar por la ciudad de Santiago del Estero, ni por ninguna de las ciudades mencionadas, sino por el este, cerca del río Salado, donde no había ninguna concentración humana. El resultado fue que a partir de 1876, en que se inauguró el tramo a Tucumán, crecieron pueblos alrededor de las estaciones de tren y la vieja civilización quedó bloqueada, sin tren, ni caminos, ni ninguna otra razón para invertir un peso allí. El golpe de gracia lo dio la construcción del Embalse de Río Hondo, inaugurado en 1950, que derivó buena parte del agua para regar otros lugares, eliminando los desbordes periódicos del Dulce.
Toda esa población quedó a expensas de los empresarios que los convocan a trabajar fuera de su tierra. El azúcar fue lo primero. Sobre todo, se instaló a lo largo de varias generaciones la idea de que eso es lo que hay. En ese contexto, el intendente de Villa Atamisqui, por ejemplo, que manifiesta ser hijo de cosechero y cosechero él mismo hace años, destaca la actitud de Monsanto, que contrata anualmente 1500 personas allí, les paga, según él, el doble que a un empleado municipal y les da confort básico en el transporte y en el destino donde trabajen. ¿Cómo negarle el derecho a ese funcionario a usar los términos relativos y elogiar a Monsanto, porque la gente cobra, según dice, 4000 pesos cada mes trabajado? ¿Cómo desprenderse, en cambio, desde un ámbito nacional, de la obligación de considerar indigno el trabajo golondrina, que ni siquiera es allí una opción sino el único modo conocido de subsistencia? ¿Lo mejor que podemos hacer se limita a reglamentarlo y vigilarlo? ¿Podremos aprovechar al menos esta oportunidad para evaluar acciones públicas de desarrollo local que liberen a esas comunidades de un destino sin familia y sin arraigo?
(La nota, en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4930-2011-01-27.html )
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO Y EL TRABAJO GOLONDRINA
Peones rurales
(Nota de Por Enrique M. Martinez, Presidente del INTI).
Apareció el trabajo golondrina en los medios nacionales. Comenzó el reparto de culpas sobre las causas de las malas a muy malas condiciones de trabajo de las cuadrillas de desfloradores de maíz, cosechadores de arándanos o uva o tantas otras tareas manuales que subsisten en la economía agropecuaria argentina. Varias de esas labores podrían ser mecanizadas, como sucedió con la zafra azucarera o la cosecha de algodón, pero no lo son por la displicencia empresaria que apela al trabajo humano mal pago. Otras son necesariamente manuales y nadie analizó seriamente antes de comenzar la actividad –como en el caso de los arándanos– si el negocio justificaba llevar a algunos miles de compatriotas a trabajar en condiciones poco dignas. Simplemente, lo pusieron en el costo, les dio bien y avanzaron.
En este burbujeo mediático sobre una actividad que tiene casi 150 años de historia, es probable que se establezcan reglamentaciones más rigurosas y sistemas de vigilancia más estrictos. Sin embargo, no nos estamos haciendo la pregunta clave. ¿Es socialmente aceptable que subsista el trabajo golondrina? Una comunidad donde este tipo de trabajo es dominante, tiene algunas características asociadas:
- Además de la ausencia por meses de jóvenes y adultos en buena condición física, suelen ir las mujeres jóvenes a trabajar de empleadas domésticas en las grandes ciudades.
- Las familias quedan desintegradas en términos prácticos, a cargo de las mujeres mayores, que cuidan los ancianos, sus hijos propios y los periódicos hijos de las chicas migrantes.
- El único trabajo permanente en el lugar es el relacionado con la administración del Estado: municipalidad, policía, educación, salud. No hay huertas, no hay tambos, porque no hay quien los atienda, casi no hay producción local, siquiera de alimentos, salvo tal vez la panadería.
¿En realidad hay comunidades donde el trabajo golondrina es lo dominante? ¿No se describe un escenario que no existe? Hay al menos uno, que es el núcleo duro de oferta golondrina, que comprende a todas las ciudades que nacieron a la vera del río Dulce, hacia el sur de Santiago del Estero, la mayoría antes de la segunda fundación de Buenos Aires. Loreto, Salavina, Villa Atamisqui y varios otros pueblos, vivieron, antes y después de la colonia, de la agricultura y la ganadería menor y mayor, usando técnicas de riego similares a las del río Nilo en Egipto, ya que allí el Dulce desbordaba periódicamente y cuando se retiraba dejada el mítico limo fértil, sobre el cual crecían lujuriosos el maíz, la alfalfa, los melones.
Esta era la zona más poblada y con mejores perspectivas del sur santiagueño, hasta que se cruzó Domingo Sarmiento. El sanjuanino había tenido como tenaz opositor a su nombramiento como presidente al gobernador de la provincia, Manuel Taboada, en aquella Argentina donde no había internas partidarias ni generales, ni sufragio universal, sino roscas sangrientas. No se le ocurrió mejor revancha que diseñar la traza del ferrocarril a Tucumán sin pasar por la ciudad de Santiago del Estero, ni por ninguna de las ciudades mencionadas, sino por el este, cerca del río Salado, donde no había ninguna concentración humana. El resultado fue que a partir de 1876, en que se inauguró el tramo a Tucumán, crecieron pueblos alrededor de las estaciones de tren y la vieja civilización quedó bloqueada, sin tren, ni caminos, ni ninguna otra razón para invertir un peso allí. El golpe de gracia lo dio la construcción del Embalse de Río Hondo, inaugurado en 1950, que derivó buena parte del agua para regar otros lugares, eliminando los desbordes periódicos del Dulce.
Toda esa población quedó a expensas de los empresarios que los convocan a trabajar fuera de su tierra. El azúcar fue lo primero. Sobre todo, se instaló a lo largo de varias generaciones la idea de que eso es lo que hay. En ese contexto, el intendente de Villa Atamisqui, por ejemplo, que manifiesta ser hijo de cosechero y cosechero él mismo hace años, destaca la actitud de Monsanto, que contrata anualmente 1500 personas allí, les paga, según él, el doble que a un empleado municipal y les da confort básico en el transporte y en el destino donde trabajen. ¿Cómo negarle el derecho a ese funcionario a usar los términos relativos y elogiar a Monsanto, porque la gente cobra, según dice, 4000 pesos cada mes trabajado? ¿Cómo desprenderse, en cambio, desde un ámbito nacional, de la obligación de considerar indigno el trabajo golondrina, que ni siquiera es allí una opción sino el único modo conocido de subsistencia? ¿Lo mejor que podemos hacer se limita a reglamentarlo y vigilarlo? ¿Podremos aprovechar al menos esta oportunidad para evaluar acciones públicas de desarrollo local que liberen a esas comunidades de un destino sin familia y sin arraigo?
(La nota, en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4930-2011-01-27.html )
Si son construcciones... hay alternativas
Nota de hoy, jueves 27/01 del 2011 en Cash, de Página/12.
El lenguaje y el mercado
(Por Manuel Calderon, profesor de Historia del Pensamiento Económico)
En un interesante artículo de 1945 titulado The use of knowledge in society, Friedrich Hayek (uno de los principales apóstoles del liberalismo político y económico del s. XX) comparó el sistema de precios de mercado con el lenguaje. Básicamente dijo que el lenguaje y el mercado son los más eficaces inventos humanos para transmitir información y conocimiento, que en esencia se encuentra desperdigado, atomizado, socialmente distribuido. Desde este punto de vista, los precios son signos que contienen información y representan conocimiento útil a la sociedad, generado a partir del funcionamiento de un mecanismo de articulación y síntesis de estas piezas de conocimiento: el mercado.
Pero dado que el mercado como el lenguaje son inventos, entonces hay una sociedad que los construyó, más aún son construcciones sociales caracterizadas por tener significado convencional, es decir, tienen significado en cuanto hay un acuerdo social que les asigna ese significado. Por otro lado, este significado del precio o la palabra sólo se entiende o tiene sentido dentro de un juego de diferencias y oposiciones entre todos los demás precios y todas las demás palabras; es este sistema de diferencias y oposiciones, con sus reglas de composición y su estructura de funcionamiento, lo que les da sentido.
El descubrimiento de la semejanza entre lengua y mercado, palabras y precios, y lingüística y economía, es originario del suizo Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística estructural. De Saussure intuyó, a partir del análisis del equilibrio general de los mercados de León Walras, que el funcionamiento de la lengua era similar al funcionamiento de los mercados. Así como los precios se forman y adquieren su significado en el marco de un sistema económico de valores, el mercado, las palabras también surgen y significan en tanto componentes de un sistema de significación, la lengua.
Pero la idea fuerte de esta concepción del mercado y de la lengua, la idea-ruptura, es que entonces se desnaturaliza tanto al mercado como a la lengua. De Saussure rompe con la idea de que existe una comunión o lazo natural entre las palabras y las cosas. De la misma manera, concebir al mercado como invención y no como fenómeno natural, rompe con la idea fundadora de la economía científica que pretendieron los fisiócratas, la noción de orden natural. Ni la lengua es natural ni el mercado es natural, sino que son construcciones sociales cuyo significado y funcionamiento hay que buscarlos en el mundo social. Idea que por primera vez expuso Karl Marx para la relación entre cosas y valores, con su explicación del fetichismo de la mercancía: “Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres”.
Entonces, si no hay una naturaleza u origen natural de la lengua y del mercado, podemos al menos imaginar como posibles, formas alternativas de construir sistemas de transmisión y articulación social de las ideas, los conocimientos y los valores. Lo más interesante de esta concepción de la Economía como Semiótica es que da pie a la superación de la tradicional oposición entre Economía y Utopía, y abre el camino para plantear un despliegue epistemológico desde el modelo de una ciencia económica al modelo de una hermenéutica económica. Las preguntas que hace la hermenéutica están relacionadas con la comprensión de las acciones humanas más que con su explicación causal. Preguntar por ejemplo ¿en qué contexto se dice lo que se dice? ¿Con qué motivos? ¿Cuáles son las subjetividades en juego? ¿Cuál es el sentido de lo que se hace o dice? permite indagar más allá de la validez empírica o lógica de las teorías económicas y sociales, permite indagar acerca de los sujetos y las sociedades que las crean y legitiman, que las incorporan al saber, al discurso y al sentido común de una época.
manuel.calderon@econo.unlp.edu.ar
(Nota original en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4932-2011-01-27.html )
El lenguaje y el mercado
(Por Manuel Calderon, profesor de Historia del Pensamiento Económico)
En un interesante artículo de 1945 titulado The use of knowledge in society, Friedrich Hayek (uno de los principales apóstoles del liberalismo político y económico del s. XX) comparó el sistema de precios de mercado con el lenguaje. Básicamente dijo que el lenguaje y el mercado son los más eficaces inventos humanos para transmitir información y conocimiento, que en esencia se encuentra desperdigado, atomizado, socialmente distribuido. Desde este punto de vista, los precios son signos que contienen información y representan conocimiento útil a la sociedad, generado a partir del funcionamiento de un mecanismo de articulación y síntesis de estas piezas de conocimiento: el mercado.
Pero dado que el mercado como el lenguaje son inventos, entonces hay una sociedad que los construyó, más aún son construcciones sociales caracterizadas por tener significado convencional, es decir, tienen significado en cuanto hay un acuerdo social que les asigna ese significado. Por otro lado, este significado del precio o la palabra sólo se entiende o tiene sentido dentro de un juego de diferencias y oposiciones entre todos los demás precios y todas las demás palabras; es este sistema de diferencias y oposiciones, con sus reglas de composición y su estructura de funcionamiento, lo que les da sentido.
El descubrimiento de la semejanza entre lengua y mercado, palabras y precios, y lingüística y economía, es originario del suizo Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística estructural. De Saussure intuyó, a partir del análisis del equilibrio general de los mercados de León Walras, que el funcionamiento de la lengua era similar al funcionamiento de los mercados. Así como los precios se forman y adquieren su significado en el marco de un sistema económico de valores, el mercado, las palabras también surgen y significan en tanto componentes de un sistema de significación, la lengua.
Pero la idea fuerte de esta concepción del mercado y de la lengua, la idea-ruptura, es que entonces se desnaturaliza tanto al mercado como a la lengua. De Saussure rompe con la idea de que existe una comunión o lazo natural entre las palabras y las cosas. De la misma manera, concebir al mercado como invención y no como fenómeno natural, rompe con la idea fundadora de la economía científica que pretendieron los fisiócratas, la noción de orden natural. Ni la lengua es natural ni el mercado es natural, sino que son construcciones sociales cuyo significado y funcionamiento hay que buscarlos en el mundo social. Idea que por primera vez expuso Karl Marx para la relación entre cosas y valores, con su explicación del fetichismo de la mercancía: “Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres”.
Entonces, si no hay una naturaleza u origen natural de la lengua y del mercado, podemos al menos imaginar como posibles, formas alternativas de construir sistemas de transmisión y articulación social de las ideas, los conocimientos y los valores. Lo más interesante de esta concepción de la Economía como Semiótica es que da pie a la superación de la tradicional oposición entre Economía y Utopía, y abre el camino para plantear un despliegue epistemológico desde el modelo de una ciencia económica al modelo de una hermenéutica económica. Las preguntas que hace la hermenéutica están relacionadas con la comprensión de las acciones humanas más que con su explicación causal. Preguntar por ejemplo ¿en qué contexto se dice lo que se dice? ¿Con qué motivos? ¿Cuáles son las subjetividades en juego? ¿Cuál es el sentido de lo que se hace o dice? permite indagar más allá de la validez empírica o lógica de las teorías económicas y sociales, permite indagar acerca de los sujetos y las sociedades que las crean y legitiman, que las incorporan al saber, al discurso y al sentido común de una época.
manuel.calderon@econo.unlp.edu.ar
(Nota original en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4932-2011-01-27.html )
domingo, 23 de enero de 2011
Refundar el capitalismo, aquella broma macabra
Nueva nota de un gran diario español, Público. Por suerte, ahora se reparte gratiutamente en Buenos Aires :).
Refundar el capitalismo, aquella broma macabra
(Por José Luis de Zárraga, sociólogo español, para Público.es del 23/01/11).
Cuando estalló la actual crisis económica y se hicieron evidentes sus causas y la rapacidad de quienes se habían beneficiado de ella, cualquier analista con dos dedos de frente, incluso los que habían participado en la orgía especulativa en la que se gestó, comprendió que no era en los errores o los delitos de agentes económicos donde radicaba la responsabilidad principal sobre lo que estaba pasando, sino en el propio sistema.
La mayoría de los dirigentes políticos aunque no todos tenían esos dos dedos de frente, y lo comprendieron también. Los menos atrevidos lo dijeron en voz baja; pero algunos de los más poderosos como Obama y Sarkozy no tuvieron inconveniente en decirlo en voz alta, y al calor de la indignación que les producía el espectáculo se olvidaron de reprimir la lengua. "Hay que refundar el sistema", fue la consigna que transmitieron. Eso quería decir y lo dijeron también: hay que terminar con la desregulación de los mercados; hay que controlar la proliferación de un capitalismo financiero basado en la especulación con activos ficticios que multiplican exponencialmente la economía real, se adueñan de ella, la pervierten y la arruinan; hay que imponer tasas a las transacciones financieras y a los beneficios especulativos; hay que acabar con los paraísos fiscales; hay que poner coto a la codicia de los administradores y evitar que persigan su propio beneficio como único criterio de gestión; hay que recuperar la intervención pública en la economía, tanto para los estados como para los organismos internacionales; hay que imponer códigos de conducta ética a los agentes económicos Etcétera, etcétera.
Los límites del sistema
Lo que ha pasado luego parece la clase práctica de un curso básico de marxismo. La clase en la que se aprende, con ejemplos prácticos, cuáles son los límites del sistema y quién manda realmente aquí.
¿Eran cínicos Obama y Sarkozy cuando proclamaron su convicción en que había que refundar el sistema y su decisión de hacerlo? No creo. Como Zapatero y otros políticos europeos que creyeron que esa refundación era posible y se sumaron a ello, todos ignoraron, por un momento, los límites del sistema y la correlación de fuerzas que determina quién manda realmente en él.
Aparentemente son las multinacionales quienes protagonizan el capitalismo moderno. Según un documento reciente de la OMC, las 500 mayores controlan más del 70% del comercio mundial. Pero quien manda en ellas, en la mayoría de los casos, son los capitales financieros: hedge funds, sociedades de capital riesgo, fondos de pensiones, fondos soberanos y otros capitales especulativos, muchos estrechamente vinculados a los bancos y a las grandes fortunas.
De las decisiones que tomen estos capitales dependen la estabilidad de las divisas, las deudas de los estados y las fluctuaciones de los precios internacionales de todos los productos estratégicos y de consumo básico. De esas decisiones depende que las divisas se deprecien o se aprecien con independencia de su economía real, que los estados quiebren o tengan que dejar de prestar servicios públicos y someter a su población a drásticos programas de austeridad, que se hunda el valor de las exportaciones de unos países o que se multiplique el precio de productos básicos de los que depende la alimentación de cientos de millones de personas. Son esos capitales quienes mandan. Las organizaciones económicas internacionales están a su servicio y marcan al mundo las políticas que a ellos convienen. Y los estados, dentro del sistema, no pueden nada frente a su poder: tanto a su poder económico, que podría hundir la economía de cualquier país, como a su capacidad para comprar voluntades políticas, medios de comunicación, instituciones y grupos de presión que manipulen según sus intereses a parlamentos y opiniones públicas. Esto, en cuanto a la correlación de fuerzas, es decir, a la cuestión de quién manda aquí.
La búsqueda del beneficio
Pero si ponemos entre paréntesis ese aspecto decisivo, y nos preguntamos si sería posible refundar el sistema de modo que se evitasen las crisis y se moralizase la economía, nos topamos enseguida con límites infranqueables, porque son los límites del propio sistema. Como saben hasta los niños, la clave del sistema capitalista es el beneficio privado; todo el sistema se asienta en la valorización de los capitales. Cada uno tratará de obtener de la aplicación de su capital el máximo beneficio posible e irá a buscar ese beneficio allá donde se pueda encontrar, con independencia de las consecuencias sociales que de ello deriven. No puede actuar de otra manera, porque compite con los demás capitales que actúan con el mismo criterio, y sus accionistas le reclamarán que los beneficios estén a la altura de los que consiguen los demás.
Hace ya mucho tiempo que el capital financiero dejó de ser un mecanismo auxiliar en la arquitectura del sistema capitalista, necesario para facilitar la circulación y la asignación de los capitales en la producción de bienes y servicios. Desde hace más de un siglo es la pieza clave del sistema. Desde los años noventa, en EEUU, los beneficios del sector financiero superan a los de toda la industria. Desde hace décadas las finanzas son el principal protagonista, el que ha configurado todo el sistema según su conveniencia y el que domina por completo el conjunto. Hoy el sistema capitalista es el sistema de las finanzas internacionales y sus estructuras lo vertebran. No hay más sistema capitalista que este.
Volvamos a Obama y Sarkozy. Lo que pasó después es bien conocido, aunque quizás no haya sido bien expresado. Los mercados se impusieron a los gobiernos, se dice. Pero los mercados es un eufemismo tras el que se amparan aunque no se oculten las finanzas internacionales. No son los mercados básicos de cualquier economía mercantil, en los que concurre la oferta y la demanda de bienes y servicios, ni siquiera el mercado de capitales que asiste a la economía real en su funcionamiento. Son exclusivamente los mercados financieros en los que se trafica con divisas, con deuda pública y, sobre todo, con derivados que multiplican ad infinitum obligaciones y beneficios futuros convertidos en títulos que se crean exclusivamente para especular con ellos.
Los grandes capitales que operan en estos mercados no compran ni venden activos reales, sino la oportunidad de beneficios que se lograrán manipulando su oferta o su demanda, mediante operaciones que subirán o bajarán artificialmente el precio según convenga. Cómo se hace esto no es tema para este artículo. La cuestión es que se hace. Y vaya si se hace. El año pasado las transacciones financieras fuera de los mercados (OTC) se elevaron a 615 billones de dólares, más del triple de la riqueza del mundo entero y unas diez veces el PIB mundial. Y los activos de las 50 mayores corporaciones financieras transnacionales sumaban 54 billones de dólares, triplicando el PIB de toda la UE.
Fin de fiesta
Fueron los grandes capitales financieros internacionales directamente o a través de organismos que representan sus intereses y aplican sus criterios, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Europeo los que recordaron a los gobernantes los límites de su poder.
En el segundo trimestre del año pasado intervinieron en la verbena de los políticos y se acabó la fiesta. Primero habían forzado a los gobiernos a gastar sin tasa nuestro dinero en su beneficio, porque no podíamos permitir la quiebra del sistema financiero a la que ellos nos habían conducido, permitiéndoles a la vez largar todo lo que quisieran sobre lo que harían después. Y luego, cuando se recuperaron los grandes beneficios y el negocio as usual, mandaron callar y ordenaron a los gobiernos que pusieran a la población firmes, le vaciaran sus bolsillos y le ajustaran el cinturón. Siempre, claro está, a través de la voz ventrílocua de los mercados.
Cómo va a quedar esto, lo veremos. Probablemente, con retoques cosméticos o sin ellos, entraremos en una nueva fase, sin nada que se parezca a una refundación del sistema o a una moralización de la economía. El sistema no se puede moralizar ni refundar; o se cambia o se sufre.
(Para ver la nota completa, ingresá a:
http://www.publico.es/dinero/357619/refundar-el-capitalismo-aquella-broma-macabra )
Siempre está bien hacer un alto y reveer la cosa antes de seguir, para recordar los actores. Interesante nota de Zaiat en Página.
Grano de Trigo
Por Alfredo Zaiat
El conflicto con el núcleo de la producción agropecuaria más rentable, que adquirió mayor intensidad a partir de marzo de 2008 por la resistencia a los derechos de exportación móviles, derivó en un proceso notable: la exteriorización, con alcance masivo, de riquezas y miserias de un sector relevante de la actividad económica. Hasta esa explosión, la realidad del campo se difundía por la suerte del clima y las cosechas, las jornadas de diferentes record en la Exposición de Palermo, las alianzas políticas conservadoras de grupos reaccionarios reunidos en la Sociedad Rural, los festivales de doma y folklore y algunas protestas de productores pequeños y medianos que adquirían repercusión nacional, aunque con escasa reacción en la esfera política, como prueba la desaparición de 80 mil explotaciones entre los censos agropecuarios de 1988 y 2002. La situación del campo estaba reservada a especialistas sectoriales y a un lugar marginal de la difusión informativa con su respectivo anunciante privado. A partir de la actual crisis muchos cientistas sociales redescubrieron la problemática agraria y empezaron a preparar sus investigaciones. El tema agropecuario es dominante si se aspira a comprender el sendero histórico del desarrollo argentino. Sus protagonistas han sido sujetos fundamentales en la construcción del imaginario colectivo sobre el destino de país. La particularidad del momento es que la cuestión agropecuaria ha adquirido una centralidad avasalladora en el debate económico. Ese lugar preponderante se explica por la irrupción de un poder económico que aspira a ser hegemónico, que ha estado presente a lo largo de la historia nacional y que se ha reconfigurado desde mediados de la década del noventa, con más fuerza en la primera década del nuevo siglo, con actores de las finanzas y de la industria. En la batalla contra la Resolución 125 ese viejo-nuevo poder se hizo visible para ocupar y no abandonar el centro del escenario económico-político.
La revolución tecno-productiva, con el ciclo siembra directa-semilla transgénica-herbicidas, y precios de los commodities elevados con una moneda doméstica maxidevaluada, junto a una reversión del ciclo local de valorización financiera, han sido las principales condiciones para la conformación de ese núcleo de poder atravesado por una trama multinacional. Su predominio no desplaza la existencia de una gran heterogeneidad de la estructura agraria con su diversidad de agentes sociales. La actividad agropecuaria está integrada por variados subsectores con sus respectivos procesos productivos que requieren de abordajes específicos. En estos años de discusión sobre la distribución de la renta agraria, esas situaciones que en gran medida involucra a pequeños y medianos productores, como la actual tensión por la comercialización del trigo, han provocado desvíos en hacer evidente el avance de ese viejo-nuevo poder económico.
Pese al agotamiento de adjetivos descalificativos de dirigentes de las entidades patronales del campo, y que en estos años ha sido su más dura pelea política, la administración kirchnerista no tuvo la intención de desarticular el modelo de organización productiva en el agro expresada en ese bloque de poder. En los últimos dos años, ha comenzado una incipiente, a veces contradictoria, revisión, forzada por la derrota de la 125, reconociendo la presencia de otros sujetos agrarios. Esto hace más compleja la comprensión de la tensión política con el núcleo dominante del campo y para descubrir los mecanismos de construcción de ese orden económico. Una enseñanza de este largo conflicto es que mostró cómo reaccionan grupos económicos ante una gestión política que pretende intervenir en cómo se reparten rentas extraordinarias. Excedentes que dependiendo de cómo se distribuyen entre los actores sociales determina el modelo de desarrollo. Esta disputa es por uno agroindustrial exportador, entendiendo industrial por la molienda de la soja en aceite, o por uno de reindustrialización, con un patrón que aún no está revisado en profundidad.
Esa tensión constante fue provocando en el Gobierno una reacción defensiva virtuosa que, para dar respuestas a demandas puntuales de los productores, ha instrumentado medidas y organismos de control que exigen el blanqueo de la actividad. Esa estrategia profundizó la brecha con toda la cadena agropecuaria, ya no sólo por las retenciones, modelo de desarrollo y bloque de poder económico, sino por el elevadísimo grado de informalidad del sector, que quedó en evidencia por la propia dinámica del conflicto. Un porcentaje importante de las operaciones agropecuarias violan las reglas fiscales en el eslabón de la comercialización y de la exportación con el consiguiente empleo de trabajadores en el marco de la informalidad, en algunos casos en condiciones infrahumanas. En esa instancia, además de cuestionar el Estado por fijar retenciones, el reclamo ideológico y político por la acción estatal en el mercado agropecuario está motivado por su intervención en la fiscalización de sus cuentas y relaciones laborales. Por eso no hubo ni habrá medidas oficiales, ni una nueva Junta Nacional de Granos para proteger a los pequeños productores, que aplacará la resistencia de un sector acostumbrado a operar parte de su producción en el circuito informal.
En este proceso complicado, una cuestión básica de cualquier análisis es considerar que a partir de la derrota de la 125 la administración kirchnerista quedó a la defensiva, aunque sin levantar la bandera blanca como aspiraban la Sociedad Rural junto a sus socios históricos y los nuevos entusiastas. La creación de un ministerio del área y la sucesión de medidas, incluyendo subsidios y abundantes fondos de asistencia, a favor de los productores forma parte de ese contexto político. El Gobierno ha brindado beneficios que en cualquier análisis comparativo con otras actividades productivas serían considerados exagerados. Un problema puntual en el eslabón de comercialización del trigo, que se explica por los tradicionales abusos monopsónicos (concentración de compradores, acopiadores, molinería y exportadores) junto a la existencia del circuito marginal de venta, se abordó primero con un acuerdo-compromiso de pagar el “precio pleno” y luego ante la deficiencia de esa iniciativa se liberó las exportaciones y se lanzó una línea de crédito por 840 millones de pesos a tasa cero para los trigueros.
El informe más reciente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria sobre la rentabilidad del productor triguero da cuenta de su bonanza, resultados publicados en Página/12 el jueves pasado. Ese relevamiento está en línea con el elaborado por la Bolsa de Cereales, que en su último reporte destaca que “el inminente cierre de la campaña triguera 2010/11 lograría una productividad de 34,5qq/ha, record histórico del cultivo en nuestro país. Perfilando así una producción final de 15 millones de toneladas, 7,1 millones más que la pasada campaña”. La estación experimental INTA Pergamino calculó que el margen bruto promedio de rentabilidad de la producción triguera, con los descuentos adicionales de molinos y exportadores, se ubica en unos 173 dólares, cuando la media histórica es de 110 dólares. Ese resultado es el segundo mejor, después de 2008, desde la salida de la convertibilidad, y sólo detrás del registrado en 1996 durante esa década. O sea, la cosecha 2010 de trigo es la tercera mejor de los últimos veinte años en rentabilidad para el productor. Para la presente campaña, el INTA estimó que un productor pequeño de hasta 80 hectáreas obtendrá entre 13.840 y 24.000 dólares por el trigo, y uno de tamaño medio, de unas 200 hectáreas, recibirá de 34.600 a 60.200 dólares.
Hoy es el trigo, ayer fue la carne, mañana será el maíz, la leche o el girasol, y después, las retenciones a la soja. En cada uno de esos reclamos, mientras van capturando cada uno de los beneficios otorgados por el Gobierno, como el de los créditos trigueros que referentes del sector recomiendan ansiosos aceptarlos, se expresa la presencia dominante del viejo-nuevo poder económico instalado ya como un actor central de la escena nacional.
azaiat@pagina12.com.ar
Grano de Trigo
Por Alfredo Zaiat
El conflicto con el núcleo de la producción agropecuaria más rentable, que adquirió mayor intensidad a partir de marzo de 2008 por la resistencia a los derechos de exportación móviles, derivó en un proceso notable: la exteriorización, con alcance masivo, de riquezas y miserias de un sector relevante de la actividad económica. Hasta esa explosión, la realidad del campo se difundía por la suerte del clima y las cosechas, las jornadas de diferentes record en la Exposición de Palermo, las alianzas políticas conservadoras de grupos reaccionarios reunidos en la Sociedad Rural, los festivales de doma y folklore y algunas protestas de productores pequeños y medianos que adquirían repercusión nacional, aunque con escasa reacción en la esfera política, como prueba la desaparición de 80 mil explotaciones entre los censos agropecuarios de 1988 y 2002. La situación del campo estaba reservada a especialistas sectoriales y a un lugar marginal de la difusión informativa con su respectivo anunciante privado. A partir de la actual crisis muchos cientistas sociales redescubrieron la problemática agraria y empezaron a preparar sus investigaciones. El tema agropecuario es dominante si se aspira a comprender el sendero histórico del desarrollo argentino. Sus protagonistas han sido sujetos fundamentales en la construcción del imaginario colectivo sobre el destino de país. La particularidad del momento es que la cuestión agropecuaria ha adquirido una centralidad avasalladora en el debate económico. Ese lugar preponderante se explica por la irrupción de un poder económico que aspira a ser hegemónico, que ha estado presente a lo largo de la historia nacional y que se ha reconfigurado desde mediados de la década del noventa, con más fuerza en la primera década del nuevo siglo, con actores de las finanzas y de la industria. En la batalla contra la Resolución 125 ese viejo-nuevo poder se hizo visible para ocupar y no abandonar el centro del escenario económico-político.
La revolución tecno-productiva, con el ciclo siembra directa-semilla transgénica-herbicidas, y precios de los commodities elevados con una moneda doméstica maxidevaluada, junto a una reversión del ciclo local de valorización financiera, han sido las principales condiciones para la conformación de ese núcleo de poder atravesado por una trama multinacional. Su predominio no desplaza la existencia de una gran heterogeneidad de la estructura agraria con su diversidad de agentes sociales. La actividad agropecuaria está integrada por variados subsectores con sus respectivos procesos productivos que requieren de abordajes específicos. En estos años de discusión sobre la distribución de la renta agraria, esas situaciones que en gran medida involucra a pequeños y medianos productores, como la actual tensión por la comercialización del trigo, han provocado desvíos en hacer evidente el avance de ese viejo-nuevo poder económico.
Pese al agotamiento de adjetivos descalificativos de dirigentes de las entidades patronales del campo, y que en estos años ha sido su más dura pelea política, la administración kirchnerista no tuvo la intención de desarticular el modelo de organización productiva en el agro expresada en ese bloque de poder. En los últimos dos años, ha comenzado una incipiente, a veces contradictoria, revisión, forzada por la derrota de la 125, reconociendo la presencia de otros sujetos agrarios. Esto hace más compleja la comprensión de la tensión política con el núcleo dominante del campo y para descubrir los mecanismos de construcción de ese orden económico. Una enseñanza de este largo conflicto es que mostró cómo reaccionan grupos económicos ante una gestión política que pretende intervenir en cómo se reparten rentas extraordinarias. Excedentes que dependiendo de cómo se distribuyen entre los actores sociales determina el modelo de desarrollo. Esta disputa es por uno agroindustrial exportador, entendiendo industrial por la molienda de la soja en aceite, o por uno de reindustrialización, con un patrón que aún no está revisado en profundidad.
Esa tensión constante fue provocando en el Gobierno una reacción defensiva virtuosa que, para dar respuestas a demandas puntuales de los productores, ha instrumentado medidas y organismos de control que exigen el blanqueo de la actividad. Esa estrategia profundizó la brecha con toda la cadena agropecuaria, ya no sólo por las retenciones, modelo de desarrollo y bloque de poder económico, sino por el elevadísimo grado de informalidad del sector, que quedó en evidencia por la propia dinámica del conflicto. Un porcentaje importante de las operaciones agropecuarias violan las reglas fiscales en el eslabón de la comercialización y de la exportación con el consiguiente empleo de trabajadores en el marco de la informalidad, en algunos casos en condiciones infrahumanas. En esa instancia, además de cuestionar el Estado por fijar retenciones, el reclamo ideológico y político por la acción estatal en el mercado agropecuario está motivado por su intervención en la fiscalización de sus cuentas y relaciones laborales. Por eso no hubo ni habrá medidas oficiales, ni una nueva Junta Nacional de Granos para proteger a los pequeños productores, que aplacará la resistencia de un sector acostumbrado a operar parte de su producción en el circuito informal.
En este proceso complicado, una cuestión básica de cualquier análisis es considerar que a partir de la derrota de la 125 la administración kirchnerista quedó a la defensiva, aunque sin levantar la bandera blanca como aspiraban la Sociedad Rural junto a sus socios históricos y los nuevos entusiastas. La creación de un ministerio del área y la sucesión de medidas, incluyendo subsidios y abundantes fondos de asistencia, a favor de los productores forma parte de ese contexto político. El Gobierno ha brindado beneficios que en cualquier análisis comparativo con otras actividades productivas serían considerados exagerados. Un problema puntual en el eslabón de comercialización del trigo, que se explica por los tradicionales abusos monopsónicos (concentración de compradores, acopiadores, molinería y exportadores) junto a la existencia del circuito marginal de venta, se abordó primero con un acuerdo-compromiso de pagar el “precio pleno” y luego ante la deficiencia de esa iniciativa se liberó las exportaciones y se lanzó una línea de crédito por 840 millones de pesos a tasa cero para los trigueros.
El informe más reciente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria sobre la rentabilidad del productor triguero da cuenta de su bonanza, resultados publicados en Página/12 el jueves pasado. Ese relevamiento está en línea con el elaborado por la Bolsa de Cereales, que en su último reporte destaca que “el inminente cierre de la campaña triguera 2010/11 lograría una productividad de 34,5qq/ha, record histórico del cultivo en nuestro país. Perfilando así una producción final de 15 millones de toneladas, 7,1 millones más que la pasada campaña”. La estación experimental INTA Pergamino calculó que el margen bruto promedio de rentabilidad de la producción triguera, con los descuentos adicionales de molinos y exportadores, se ubica en unos 173 dólares, cuando la media histórica es de 110 dólares. Ese resultado es el segundo mejor, después de 2008, desde la salida de la convertibilidad, y sólo detrás del registrado en 1996 durante esa década. O sea, la cosecha 2010 de trigo es la tercera mejor de los últimos veinte años en rentabilidad para el productor. Para la presente campaña, el INTA estimó que un productor pequeño de hasta 80 hectáreas obtendrá entre 13.840 y 24.000 dólares por el trigo, y uno de tamaño medio, de unas 200 hectáreas, recibirá de 34.600 a 60.200 dólares.
Hoy es el trigo, ayer fue la carne, mañana será el maíz, la leche o el girasol, y después, las retenciones a la soja. En cada uno de esos reclamos, mientras van capturando cada uno de los beneficios otorgados por el Gobierno, como el de los créditos trigueros que referentes del sector recomiendan ansiosos aceptarlos, se expresa la presencia dominante del viejo-nuevo poder económico instalado ya como un actor central de la escena nacional.
azaiat@pagina12.com.ar
Hacer o no hacer
Quiero compartir con Uds una frase que leí hace poquito en un maravilloso libro de Huxley, La Filosofía Perenne. Quizás las líneas que transcribo tengan algunas partes con las que hoy la historia nos ha llevado a disentir, pero recordemos que el texto es de un filósofo chino de hace casi 25 siglos (y que sentó las bases, con Lao Tse, para el anarquismo):
"Las grandes verdades no hallan asidero en el corazón de las masas. Y ahora, estando todo el mundo en el error, ¿cómo guiaré yo, aunque conozco el buen camino?. Si sé que no puedo hacerlo con éxito y, con todo, intento obtenerlo, daré solo ocasión a otra fuente de error. Mejor pues, desistir y no esforzarse. Más, si no me esfuerzo yo, ¿quién lo hará?"
Chuang Tse
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