jueves, 9 de junio de 2011

La dictadura terrorista y totalitaria



La dictadura terrorista y totalitaria

VICENÇ NAVARRO

A la vuelta de un largo exilio, uno de los hechos que más me sorprendieron de la vida política española fue la percepción –ampliamente aceptada por el establishment político, y promovida por los medios de mayor difusión– de que la Transición de la dictadura a la democracia había sido modélica, creando una democracia que era homologable a las existentes en la Europa occidental. La realidad, sin embargo, mostraba con toda su crudeza una democracia muy incompleta y un bienestar muy insuficiente, realidad que continúa hoy, 33 años después.

España continúa teniendo el gasto público social (que financia al Estado del bienestar) per cápita más bajo de la UE-15. Y políticamente acabamos de ver cómo las fuerzas conservadoras han intentado prohibir la participación en el proceso democrático de un partido político, Bildu, debido a su origen, enraizado en una fuerza terrorista, ETA, y ello a pesar de que tal partido se ha distanciado de la violencia y ha aceptado las reglas del proceso democrático. Pero esto parece no ser suficiente para el Partido Popular, que desea que este partido condene tal pasado terrorista, intentando llevar a la cárcel a todos aquellos que todavía hoy defienden a ETA.

Este comportamiento sancionador del terrorismo contrasta, sin embargo, con el comportamiento del propio Partido Popular, que nunca ha condenado explícitamente y por su nombre a la mayor fuerza terrorista que existió en España durante el siglo XX, responsable del mayor número de asesinatos políticos que haya ocurrido en la historia del país. Ningún otro régimen ha asesinado a tantos españoles como la dictadura iniciada por un golpe militar, liderado por el general Franco, en contra de un sistema democrático, la II República. Fue un régimen basado en el terror, con asesinatos políticos (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000), torturas (sistemáticamente realizadas en sus cárceles), campos de concentración y exilio. Aquel golpe fue realizado por los que falsamente se autodefinieron como los nacionales (la mayoría de sus tropas de ataque eran mercenarios y extranjeros, y su victoria se debió única y exclusivamente al apoyo extranjero de Hitler y Mussolini) que estaban en una “cruzada” (cuyas tropas de choque, paradójicamente, eran musulmanas) y que supuestamente defendían a la patria (imprimiendo un enorme retraso económico, político, cultural y social al país). En realidad, era una minoría en contra de la mayoría de las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España, lo cual requería el terror para su propia supervivencia. El terror fue sustancial en la existencia de aquel régimen hasta su último día.

Sin pretender establecer categorías, el número de víctimas de aquel terror (asesinatos políticos) fue de casi 200.000, una cifra mucho mayor que la realizada por ETA (839). Las víctimas de aquel régimen terrorista continúan ignoradas durante el periodo democrático, sin que el Estado las haya homenajeado como se merecen. El contraste entre el comportamiento del Estado hacia las víctimas de ETA y las víctimas de la dictadura es vergonzoso e ilustra no sólo la diferente vara de medir el terrorismo, sino la baja calidad del estado democrático, cuyo Tribunal Supremo, por cierto, está enjuiciando al único juez que ha intentado en España que el Estado se responsabilizara de encontrar a los desaparecidos en aquella dictadura y de enjuiciar a los responsables de tanto dolor y terror.

La entrada dedicada a Franco del Diccionario Biográfico Español –publicado por la Real Academia de la Historia, e iniciado y financiado por el Gobierno del PP dirigido por José María Aznar– es una alabanza y una apología del responsable del mayor terror que haya existido en España. A pesar de ello, un dirigente del PP alabó la biografía de tal terrorista, presentándola como obra ejemplar. Utilizando el mismo criterio que tal partido aplica a ETA, el autor de tal biografía debiera estar en la cárcel y la Real Academia de la Historia tendría que haberse cerrado. Y, al propio portavoz del PP que hizo tal alabanza, se le hubiera tenido que llevar a los tribunales.

El hecho de que todo esto no ocurra muestra el enorme poder de las fuerzas conservadoras que hegemonizaron el proceso de la Transición y el periodo democrático. ¿Cómo, si no, puede explicarse que incluso hoy, en los libros de texto de la asignatura obligatoria de cultura cívica se sostengan posturas dignas de la ultraderecha del Tea Party de EEUU, tales como definir al feto como ser humano, considerar el aborto voluntario como un asesinato, o definir al darwinismo como una doctrina sospechosa? ¿Y, cómo, si no, pueden explicarse la visión tan sesgada y negativa que se da de la II República y el silencio sobre el terror del régimen que la derrocó que están presentes en los libros de texto de las escuelas públicas?

Pero la represión de aquel régimen fue también psicológica e ideológica, precisamente debido al carácter totalitario del mismo. La ideología que imponía era el nacionalcatolicismo, mezcla de un nacionalismo españolista extremo e imperialista, con características racistas (el día nacional se llamaba el Día de la Raza, y la película que realizó el dictador se llamó Raza) y de un catolicismo reaccionario en extremo que, junto con su caudillismo, un machismo muy acentuado y una hostilidad al mundo obrero y sindical, constituyó una ideología totalizante, pues quería cambiar “al hombre”, penetrando en las áreas más íntimas de las personas, desde el sexo hasta la lengua, todo ello normatizado. Tal régimen tuvo pleno control de los medios y de las instituciones. Considerar aquel régimen como meramente autoritario es ignorar la asfixia intelectual, política, económica y cultural que la mayoría de las clases populares sufrieron para mantener la “placidez” de aquellos que se beneficiaron de tal terror.

Vicenç Navarro es catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra

(De Público.es http://blogs.publico.es/dominiopublico/3498/la-dictadura-terrorista-y-totalitaria/)

miércoles, 25 de mayo de 2011

¡Feliz Día de la Patria!

Felicidades amigos!
Hace 201 años, aprovechando la convulsa situación de la metrópoli, los criollos daban en Buenos Aires un grito de Emancipación; eco del proferido un año antes en Cochabamba.
Desde entonces, nuestra Patria sufrió grandes transformaciones; fue madre de grandes héroes, y también cuna de muchos traidores. Algunos de sus hijos combatían al enemigo extranjero con sudor y lágrimas, mientras otros la vendían tan barato, que a Judas le hubiera dado vergüenza...

Nuestra historia puede hacernos llorar de bronca o de alegría; ofendernos o exaltarnos. Pero es nuestra historia, y cada vez que pienso en ello me acuerdo de unas lindas palabras de Manuel Ugarte, el gran latinoamericanista:
" La historia no se llora ni se modifica. Cuando depende de nosotros, se hace. Cuando nos viene de otras generaciones, se soporta y se corrige en la medida de nuestras fuerzas. El pesimismo es la enfermedad de los débiles".

La historia de la Argentina no está encerrada en los libros de colegio; ¡se está escribiendo todos los días con cada una de nuestras acciones!. Si queremos una patria de la cuál estar orgullosos, en donde nuestros hijos puedan crecer libres, seguros y en plena igualdad con sus compatriotas, es muy fácil: ¡salgamos a construirla!¡Seamos concientes de nuestra parte en la Historia!.

En el espíritu de la fecha, me despido evocando las palabras del Padre de la Patria, cuando preparaba en Cuyo el ejército libertador (rebosante del espíritu latinoamericano):
¡SEAMOS LIBRES!¡QUE LO DEMÁS NO IMPORTA NADA!

¡Feliz día de la patria, mis amigos!!!! :D

jueves, 19 de mayo de 2011

10 años despues


Hay historias que van de la mano, aunque no nos guste o no sepamos verlas. La de España y Argentina es una de ellas.
Y no digo solamente que ambas historias lleven una relación recíproca, un hilo conector como cualquier metrópoli mantiene con sus antiguas colonias: me refiero a los paralelismos obligados que han tenido dichas historias.

Fue en la década de 1820 cuando la oligarquía porteña abandonaba a San Martin y sus tropas en Perú, y traicionaba no solo el ideal revolucionario de Mayo, sino la grandeza por venir de toda la nación. Fue para esos mismos años en los que se traicionaba también a Rafael del Riego, el hombre que había logrado que Fernando VII de España jurara la Constitución de 1812 (redactada justamente mientras el Rey se cobijaba bajo el ala bonapartista, y sus ciudadanos eran masacrados por el ejército francés).

Nuestras economías desde entonces han seguido un camino similar. Marchando al paso de los latifundios hemos visto industrializarse al mundo, mientras nosotros seguíamos engordando oligarquías agroganaderas que dilapidaban su (nuestro)dinero en putas parisinas, o importando (ladrillo por ladrillo) edificios londinenses, en vez de fomentar la aparición de una modesta industria nacional.

El siglo XX fue para ambas una época de sangre de hermanos derramada, y nuestros territorios simple tableros de ajedrez de potencias, aprovechadoras de las diferencias intestinas. Así, los intentos de gobiernos populares en ambas márgenes del Atlántico fueron apagados por golpes militares, a los que siguieron décadas de represión incruenta, desaparición sistemática de personas y el sostenimiento de un programa que reducía nuestras economías al papel de meros siervos del capital norteamericano.

Y el destape no fue solo español: al caer las tiranías volvió la alegría para ambos. Pero el Capital, que ahora nos daba un poquito de libertad, tampoco quería que nos acostumbremos: un poco está bien, pero la cuota hay que mantenerla al día. Y así llegamos a esos maravillosos años de la convertibilidad y del euro, esa época donde de repente todo era reluciene y maravilloso y comíamos la misma chatarra que se come en NY, y podíamos comprarnos las mismas porquerías que se usaban en el primer mundo (¡pero claro, si eramos el Primer Mundo!), porque los chinos hacían todo muy barato y a nosostros nos parecía una ganga. Con el lenguaje neoliberal, se eliminó del repertorio de nuestras juventudes la idea de la politización: eso ya ni siquiera era peligroso, sino cosa de vagos. Al trosko no se le temía: daba risa.

Poco a poco, nos fuimos despertando del sueño. O eso parecía.

En el 2001 explotó la burbuja en Argentina: millones de desocupados, niveles de pobreza que parecían haberse dejado atrás hacía 50 años, indigencia y hambruna por doquier. La imagen del político estaba por el piso; el grito que surgía de entre el ruido de las cacerolas era claro: "Que se vayan todos/ que no quede ni uno solo". La clase media, embobada durante más de diez años con la fiesta de la paridad, salía de su sopor con un cachetazo, y se lanzaba a la calle. Todos nos emocionamos y vimos en esto un momento histórico y una oportunidad única.
Y lo fue. Desde entonces, sucesos más que interesantes han ocurrido en la Argentina (en el marco de un movimiento que se expande en toda latinoamerica, desde Miraflores a la Rosada): la juventud empezó a tomar conciencia. Se revivió un lenguaje que había sido meticulosamente enterrado; sobrevino la sensación de que la politica no la hacen solamente los lobistas: nosotros también tenemos poder. Hoy hay miles de jovenes de clase media comprometidos en movimientos sociales, en partidos políticos, involucrándose cada vez más en lo que parece el resurgir de la política en la Argentina.

Cuando hace unos 4 años visité España, me quedé con una sensación particular: estos tipos están viviendo nuestros 90s, y les va a explotar todo en las manos en cualquier momento. No pretendo darme aires de adivino; más bien uno en esas épocas sentía tener síndrome de Casandra. Pero así fue...

Miro una de estas mañanas una foto en un diario, y me parece un artículo de archivo. Seguramente muchos de uds, que vivieron diciembre del 2001, recordarán la imagen: gente de clase media con una cacerola en las manos, gritando en las plazas, pidiendo la posibilidad de un futuro, de no quedar desplazada dentro de este sistema impuesto por unos políticos sedientos de números y de billetitos. Diez años después, el fenómeno parece haber llegado a España: la juventud sin futuro se despertó repentinamente del letargo de la PlatStation y de la descarga gratuita de Taringa! para darse cuenta de que generaciones de políticos les han hipotecado el futuro. Que el ingreso a la UE, la incorporación del Euro y el Plan Bolonia no eran las maravillas modernas, sino la destrucción sistemática del estado de Bienestar Español.

Diez años después, miro esas plazas rebosantes de gente y me causa gracia que las juntas electorales intenten prohibir un movimiento espontáneo y genuino como el de los Indignados. Que intenten frenar el quiebre de la represa que ellos mismos han ido desmantelando, piedra por piedra, en los últimos años. Lo patético de sus discursos deja entrever su incapacidad para comprender lo que tienen delante: la gente dice BASTA, y pide un cambio radical.

En América Latina la cosa no ha ido tan mal. De una punta a la otra, hemos logrado atravesar la peor crisis financiera de la historia sin sufrir las consecuencias que el resto del planeta ha tenido que bancarse, apaleado. Vivimos un proceso de participación política único, que cada día avanza más. No importa que el presidente sea fulano o mengano: la conciencia política que se ha creado supera quien ocupa el sillón del Innombrable (original, no el patilludo). Es algo que llegó para quedarse, y eso me hace muy feliz.

Solo puedo desearle a mis amigos hispanos un desenlace feliz, pues se lo merecen. Ojalá no pasen por el baño de sangre represivo de Diciembre de 2001; ojalá los líderes del PP y del PSOE se queden pasmados por la peor de sus elecciones en la historia democrática española. Ojalá que las juventudes canalicen esta indignación en la energía necesaria para reformular el Estado de Bienestar, hacerlo fuerte y grande y ser, de una vez por todas, todo lo que pueden ser. Pero sin desigualdad.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Galeano y la "integración" económica latinoamericana en los 70s

"Para que el imperialismo norteamericano pueda, hoy en día, integrar para reinar en América Latina, fue necesario que ayer el Imperio británico contribuyera a dividirnos con los mismos fines. Un archipiélago de países, desconectados entre sí, nació como consecuencia de la frustración de nuestra unidad nacional. Cuando los pueblos en armas conquistaron la independencia, America Latina aparecía en el escenario histórico enlazada por las tradiciones comunes de sus diversas comarcas, exhibía una unidad territorial sin fisuras y hablaba fundamentalmnete dos idiomas del mismo origen, el español y el portugués. Pero nos faltaba (...) una de las condiciones escenciales para constituir una gran nación única: nos faltaba la comunidad económica.
Los polos de prosperidad florecían para dar respuesta a las necesidades europeas de metales y alimentos no estaban vinculados entre sí: las varillas del abanico tenían su vértice al otro lado del mar. Los hombres y los capitales se desplazan al vaivén de la suerte del oro o del azucar, de la plata o del añil, y solo los puertos y las capitales, sanguijuelas de las regiones productivas, tenían existencia permanente. América latina nacía como un solo espacio en la imaginación y la esperanza de Simón Bolivar, josé Artigas y José de San Martín, pero estaba rota de antemano por las deformidades del sistema colonial. Las oligarquías portuarias consolidaron, a través del comercio libre, una estructura de la fragmentación, que era su fuente de ganancias: aquellos traficantes ilustrados no podían incubar la unidad nacional que la burguesía encarnó en Europa y en Estados Unidos. Los ingleses, herederos de España y de Portugal desde tiempo antes de la independencia, perfeccionaron esa estructura todo a lo largo del siglo pasado, por medio de las intrigas de guante blanco de los diplomáticos, la fuerza de extorsión de los banqueros y la capacidad de seducción de los comerciantes...

El resultado está a la vista: en la actualidad, cualquiera de las corporaciones multinacionales opera con mayor coherencia y sentido de unidad que este conjunto de islas que es Amérrica Latina, desgarrada por tantas fronteras y tantas incomunicaciones. ¿Qué integración pueden realizar entre sí países que ni siquiera se han integrado por dentro?. Cada país padecen hondas fracturas en su propio seno, agudas divisiones sociales y tensiones no resueltas entre sus vastos desiertos marginales y sus oasis urbanos...

Muy distinto destino se propusieron y conquistaron, por cierto, los Estados unidos. Siete años después de su independencia, ya las trece colonias habían duplicado su superficie (...) y cuatro años más tarde consagraron su unidad creando el mercado único. La compra de Lousiana (...), más tarde fue el turno de la Florida y, a mediados de siglo, la invasión y amputación de medio México en el nombre del "Destino Manifiesto". Después la compra de Alaska, la usurpación de Hawai, Puerto Rico y las Filipinas. Las colonias se hicieron nación, y la nación se hizo imperio; todo a lo largo de la puesta en práctica de objetivos clramente expresados y perseguidos desde los lejanos tiempos de los padres fundadores. Mientras el norte de América crecía, desarrollandose hacia adentro de sus fronteras en expansión, el sur, desarrollado hacia afuera, estallaba en pedazos como una granada.

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Las trece colonias del norte tuvieron, bien puede decirse, la dicha de la desgarcia. Su experiencia histórica mostró la tremenda importancia de no nacer importante. porque al norte de América no había oro ni había plata, ni civilizaciones indígenas con densas concentraciones de población ya organizada para el trabajo, ni suelos tropicales de fertilidad fabulosa en la franja costera que los peregrinos ingleses colonizaron (...). Fue una suerte. por lo demás, desde Maryland hasta Nueva Escocia, pasando por nueva Inglaterra, las colonias del norte producían, en virtud del clima y de las caracteristicas de los suelos, exactamente lo mismo que la agricultura británica, es decir, que no ofrecían a la metrópoli una producción complementaria.

Muy distinta era la situación de las Antillas y de las colonias ibéricas de tierra firme. Una pequeña isla del Caribe resultaba más importante para inglaterra, desde el punto de vista económico, que las trece colonias matrices de los Estados Unidos.

Estas circunstancias explicacan el ascenso y la consolidación de los Estados unidos como un sistema económicamnte autónomo, que no drenaba hacia afuera la riqueza generada en su seno. Eran muy flojos los lazos que ataban la colonia a la metrópoli; en Barbados o jamaica en cambio, solo se reinvertían los capitales indispensables para reponer los esclavos a medida que se iban "gastando". No fueron factores raciales, como se ve, los que decidieron el desarrollo de unos y el subdesarrollo de otros: las islas británicas de las Antillas bi tenían nada de españolas ni de portuguesas. la verdad, es que la insignificancia económica de las trece colonias permitió la temprana diversificación de sus exportaciones y alumbró el impetuoso desarrollo de las manufacturas. La industrialización norteamericana contó, desde antes de la independencia, con estímulos y protecciones oficiales. Inglaterra se mostraba tolerante, al mismo tiempo que prohibía estrictamente que sus islas antillanas fabricaran siquiera un alfiler.

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El actual proceso de integración no nos reencuentra con nuestro origen ni nos aproxima a nuestras metas. Ya Bolivar había afirmado que los Estados Unidos parecían destinados por la Providencia para plagar a America de miserias en nombre de la libertad. no ha de ser la General Motors y la IBM las que tendrán la gentileza de levantar, en lugar de nosotros, las viejas banderas de unidad y emancipación caídas en la pelea, ni han de ser los traidores contemporáneos quienes realicen hoy la redención de los héroes ayer traicionados. Es mucha la pdredumbre por arrojar al fondo del mar en el camino de la reconstrucción de América Latina. Los despojados, los humillados, los malditos tienen, ellos si, en sus manos la tarea. La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nunevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio. Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como und esafío candente, sobre las conciencias de los hombres".


Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina
Montevideo, 1970.

jueves, 10 de febrero de 2011

La hipocresía de Occidente

(Nota publicada hoy, 10 de febrero de 2011, en Página/12)


La hipocresía de Occidente

(Por Robert Fisk, para The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12. Traducción: Celita Doyhambéhère).

No hay nada como una revolución árabe para mostrar la hipocresía de nuestros amigos. Especialmente si esa revolución es una de civilidad y humanismo e impulsada por una abrumadora exigencia para tener el tipo de democracia que disfrutamos en Europa y en Estados Unidos. Las indecisas tonterías musitadas por Obama y la Clinton durante estas últimas dos semanas son sólo parte del problema. De “estabilidad” a la “tormenta perfecta” hemos terminado con el presidencial “ahora-significa-ayer” y “transición ordenada”, que se traduce: nada de violencia mientras el ex general de la fuerza aérea Murabak es llevado a pastar para que el ex general de inteligencia Suleimán pueda hacerse cargo del régimen en nombre de Estados Unidos e Israel.

Fox News ya les dijo a sus televidentes en Estados Unidos que los Hermanos Musulmanes –uno de los grupos islámicos más “suaves” en Medio Oriente– están detrás de los valientes hombres y mujeres que se animaron a resistir a la policía de seguridad estatal, mientras calla la masa de “intelectuales” franceses: las comillas son esenciales para mandapartes como Bernard-Henri Levy que se ha convertido, según Le Monde,, en “la intelligentsia del silencio”.

Y todos sabemos por qué. Alain Finkelstein habla de su “admiración” por los demócratas, pero también de la necesidad de “vigilancia” –y esto es un punto bajo en cualquier “filósofo”– “porque hoy todos sabemos sobre todo, que no sabemos cuál va a ser el resultado”. Esta cita casi rumsfeldiana está dorada por las propias ridículas palabras de Lévy, “es esencial tener en cuenta la complejidad de la situación”. Curiosamente, eso es exactamente lo que los israelíes dicen cuando algún occidental insensato sugiere que Israel debería dejar de robar tierra árabe en Cisjordania para sus colonias.

En verdad, la propia reacción de Tel Aviv a los importantes eventos en Egipto –que éste puede no ser el momento para la democracia en Egipto (permitiendo así mantener el título de “la única democracia en Medio Oriente”)– ha sido tan inverosímil como contraproducente.

Israel estará mucho más seguro rodeado por verdaderas democracias que por despiadados dictadores y reyes autocráticos. Para su enorme crédito, el historiador francés Daniel Lindenberg dijo la verdad esta semana. “Debemos admitir la realidad: muchos intelectuales creen, en lo profundo, que el pueblo árabe es congénitamente atrasado.”

No hay nada nuevo en esto. Se aplica a nuestros sentimientos recónditos sobre todo el mundo musulmán. La canciller Angela Merkel de Alemania anuncia que el multiculturalismo no funciona, y un pretendiente a la familia real de Baviera me dijo, no hace tanto tiempo, que hay demasiados turcos en Alemania porque “no quieren ser parte de la sociedad alemana”. Sin embargo, cuando Turquía mismo –lo más cercano a la perfecta mezcla de islamismo y democracia que uno puede encontrar en Medio Oriente ahora mismo– pide unirse a la Unión Europea y compartir nuestra civilización occidental, buscamos desesperadamente cualquier remedio, no importa cuán racista sea, para evitar que sea miembro.

En otras palabras, queremos que sean como nosotros, siempre que se queden aparte. Y luego, cuando prueban que quieren ser como nosotros pero no quieren invadir Europa, hacemos lo que podemos para instalar otro general entrenado en Estados Unidos para que los gobierne. Así como Paul Wolfowitz reaccionó a la negativa del Parlamento turco a permitir que los tropas de Estados Unidos invadieran Irak desde el sur de Turquía preguntando si “los generales no tienen nada que decir sobre esto”, ahora estamos reducidos a escuchar mientras el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, pondera al ejército egipcio por su “restricción”, aparentemente no dándose cuenta de que es el pueblo de Egipto, los que proponen la democracia, los que deberían ser ponderados por su restricción y no violencia y no un montón de brigadieres.

De manera que cuando los árabes quieren dignidad y autorrespeto, cuando gritan por su propio futuro que Obama señaló en su famoso –ahora supongo que infame– discurso en El Cairo, les faltamos el respeto. En lugar de darle la bienvenida a sus exigencias democráticas, los tratamos como si fueran un desastre.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La Patria Consoladora

Este texto lo recibí en 2008. Desconozco su autor, ya que fue una cadena. Sin embargo, me saco el sombrero ante aquel (quien quiera que sea) que lo haya escrito; y creo que nunca está de más compartirlo.


LA PATRIA CONSOLADORA


Un día como hoy pero de 1980, suponéte, que yo heredé una fábrica de consoladores.
Durante 20 años la pude mantener de pedo. Hacía consoladores para la Argentina porque
mis costos eran muy altos y mi fábrica no era competitiva para exportarlos. Los
consoladores taiwaneses y los de India eran mucho más baratos. En fin, suponéte que
mi problema era que por cada peso que yo ponía, mi fabrica podía producir solamente 5
ctvs. más. Esto en las mejores épocas. En otras, suponéte, que directamente perdía
plata. Ahora, los taiwaneses, por cada peso invertido ganaban 40 ctvs., con lo cual,
ellos podían bajar el precio de venta de sus consoladores para competir con los míos
y es así que ellos vendían más consoladores que yo.

Para fines de los ´90 mi fábrica estaba fundida y yo debía mucha plata al banco.

Ahora, suponéte que un día el gobierno decide devaluar la moneda. En el gobierno
piensan que si se devalúa la moneda se favorece a la producción porque se achican los
costos nacionales en relación al precio internacional. A mí me re conviene porque
puedo empezar a ganar más plata por cada peso invertido y así puedo competir con los
consoladores taiwaneses. Para devaluar la moneda la sociedad entera tiene que pagar el
costo: luego de una devaluación los sueldos de toda la gente valen menos que antes,
aunque en números sea lo mismo, pueden comprar muchas menos cosas. Igualmente la
sociedad decide hacer ese esfuerzo porque sirve para reactivar la producción y generar
trabajo para todos.

El gobierno, en su decisión de favorecer a la producción, me refinancia mi deuda con
el banco, me da una tasa de interés muy barata y yo puedo quedarme con mi fábrica.
Además, para mantener el precio de la moneda devaluada sale a comprar dólares todo el
tiempo, miles de millones de dólares para que los consoladores argentinos sean
competitivos. Encima, como yo para hacer consoladores necesito goma y la goma es un
derivado del petróleo y como el petróleo tiene precio internacional y está en
dólares y cada vez más caro, el gobierno me rebaja el costo de la goma,
subsidiándola. Tanto la plata para pagar mi deuda con el banco, como la plata para
mantener alto el dólar, como la plata para financiarme la goma, sale de las arcas
nacionales, del Estado. Es así que, entonces, todos los argentinos ayudan a pagar mis
deudas y a financiarme los costos de mi producción.
En fin, ahora yo tengo mi fábrica con una rentabilidad bárbara de 35 por ciento por
cada peso que invierto. Encima, se reactivaron todas las fábricas del país, creció
el trabajo y los salarios. Ya van 5 años seguidos en que la situación mejora cada
día. Mi actividad está tan subvencionada que prácticamente no tengo riesgo
empresario, es decir, tengo que hacer fuerza para que me vaya mal.

¿Y entonces qué pasa? Pasa que de golpe en China hay una revolución sexual. Todas
las chinas se revelan, se cansan de que los chinitos no se pongan las pilas en la
catrera y salen como locas a comprar consoladores de goma. Miles de millones de chinas
-desesperadas- haciendo cola para comprar artefactos que satisfagan sus necesidades. En
China, el gobierno declara la Emergencia Sexual y saca una Ley de Seguridad Consolante:
abre las fronteras, sin impuestos, para todos los consoladores del mundo que quieran
entrar en la China. El precio internacional de los consoladores se dispara, un
consolador sale dos, tres, hasta cuatro veces lo que salía antes.

A mí me viene al pelo. Suponéte que, de pronto y por una cuestión ajena, por cada
peso invertido puedo sacar hasta dos pesos con treinta centavos, ¡una rentabilidad del
130 por ciento! De golpe, hacer consoladores no sólo es una actividad que me permite
vivir bien, ahora me permite hacerme millonario. Y eso que sigo siendo un 'pequeño
productor de consoladores', que no es lo mismo que 'productor de pequeños
consoladores'. Así y todo estoy ganando, suponéte, 40.000 pesos por mes. Chocho.

¿Pero qué pasa? Como hacer consoladores es tan rentable, muchos de los que hacen
fideos, remeras, lapiceras, latas de comida, remedios o galletitas se vuelcan
masivamente a la industria del consolador porque todos quieren hacer mucha plata,
obviamente. Como consecuencia, en Argentina pasan tres cosas:

1. Todos los consoladores se venden al exterior, dejando a los consumidores de
consoladores argentinos sin el producto o al mismo precio que se paga afuera
(carísimo). Como nuestros sueldos están devaluados y están devaluados para que se
puedan fabricar un montón de cosas, esta consecuencia es absolutamente injusta ya que
hacemos el sacrificio para que se puedan fabricar consoladores pero nos quedamos sin la
capacidad adquisitiva para poder comprarlos.
2. Como consecuencia de que muchas fábricas se cambian al rubro de los consoladores
de goma, se dejan de fabricar muchas cosas y al haber menos cantidad de esas cosas,
aumentan de precio, con lo cual nuestros sueldos pierden poder adquisitivo con respecto
a todos los productos.
3. Además, como es tan rentable hacer consoladores, mi fábrica aumenta de precio.
Antes valía 100.000 pesos, ahora vale 500.000 pesos. Entonces yo ahora ya ni siquiera
trabajo. Directamente me conviene alquilar mi fábrica a otro que la trabaje mientras
yo me rasco el higo todo el día. Vienen fondos de inversión, pooles empresarios y
empiezan a alquilar fábricas en todo el país y las dedican a la producción de
consoladores.

El gobierno, entonces, tiene que hacer algo. Porque la gente lo votó por haber
reactivado la economía pero siempre y cuando los sueldos alcancen para vivir, lo cual
es lógico. La gente aceptó pagar el costo de la deuda de los sectores productivos,
pero a cambio de poder trabajar y comer, como mínimo y, por ahí, en el mejor de los
casos, progresar.

Y lo que hace el gobierno es ponerme retenciones móviles a la exportación de
consoladores, con lo cual, ahora mi rentabilidad vuelve a ser del 30 por ciento. Cuando
aumenta mucho el precio del consolador, aumentan las retenciones; cuando baja el precio
del consolador, baja la retención. Yo siempre gano lo mismo, o sea, mucho: 30 por
ciento anual, que es seis veces más que lo que gana una fábrica de consoladores en
cualquier lugar del mundo.

Suponéte que, entonces, yo soy un tipo muy irracional y egoísta. Suponéte que
además no tengo memoria, no me acuerdo de lo mal que me iba antes y me olvido,
además, de los esfuerzos que hizo toda la sociedad para que a mí me vaya bien. De
golpe me junto con todos los productores de consoladores y me pongo a armar un gran
quilombo. Corto las rutas y no permito el paso de ningún otro producto. Genero
desabastecimiento, suben los precios, la gente pierde aún más poder adquisitivo, etc.

Para justificarme, me dedico junto a mis compañeros fabricantes de consoladores a
diseñar un discurso que me exculpe de mis acciones antipopulares y desestabilizadoras:
'Consoladores=Patria', 'Paja o Muerte', 'Todos somos Consoladores', 'No al Aborto, Sí
al Consolador', 'Con los Consoladores estábamos mejor', 'K tirame la goma'.

La oposición y los medios me apoyan, aunque lo hagan solamente porque están en contra
del gobierno y se aprovechan de la situación. Suponéte que a mí no me importa y me
aprovecho también de ese apoyo.

Hasta acá la historia es igual a la del campo. Pero suponéte que en vez de pasar lo
mismo que pasa con el campo, en el conflicto de los consoladores pase otra cosa.
Suponéte que de golpe, el gobierno dice: 'Bueno, tenés razón. Te voy a sacar las
retenciones móviles.' Yo me pongo re contento, hago un acto en Rosario y salto de
alegría por haber ganado la batalla junto a todos mis amigos de la Sociedad
Consoladora Argentina, el Pro y la Carrió que apoya cuanto consolador se le cruza.
Gané la batalla.
Al otro día, el gobierno dice: 'Te saqué las retenciones, pero también se las saqué
al petróleo y además dejé de comprar dólares para mantener el tipo de cambio y,
además, ¿sabés qué?, voy a dejar de financiarte tus deudas con el banco y voy a
liberar las paritarias para que los trabajadores exijan los sueldos que quieran y voy a
dejar de hacer rutas para transportar consoladores y voy a mandar esa guita para hacer
hoteles de alojamiento populares y además voy a lanzar un montón de medidas para
fiscalizar a la producción de consoladores porque ese sector es el que más evade
impuestos en nuestro país.'

Entonces, aumenta la goma en dólares. Y el costo del trabajo aumenta a valores
europeos. Y encima tengo más presión fiscal y se me va un 33 por ciento de la
ganancia que antes no pagaba porque me hacia el dolobu. Para colmo, se revalúa la
moneda porque ya el gobierno no sale a comprar dólares, con lo cual la diferencia que
hacía antes en el mercado internacional se achica. Ahora no tengo retenciones y,
aunque sigo ganando plata, gano inclusive menos que cuando tenía retenciones.

Un día se acaba la fiesta sexual en China. Las minitas vuelven todas al lecho
masculino porque los chinitos se pusieron a estudiar tantra como locos y ahora pueden
mantener una erección durante 48 horas seguidas. El sexo adquiere la calidad de
'Actividad Protegida por la República Popular China'. Por efecto de la
transnacionalización de la cultura oriental, se abren escuelas de tantra en todo el
mundo. Los consoladores pasan de moda. El pene, viejo y peludo nomás, vuelve a ser el
mejor amigo entre las chinitas de todo el mundo. Los hombres readquieren su seguridad,
pues se habían visto reemplazados por simples pedazos de goma. Al haber volcado sus
esfuerzos en hacer la vida de sus compañeras más placenteras, abandonando el egoísmo
sexual que los caracterizaba, la humanidad entera se encamina hacia una época más feliz.

Suponéte que en Argentina ahora nos tapan los consoladores. No nos sirven para nada.
Encima perdimos la capacidad de producir cualquier otra cosa. No nos tecnificamos, no
nos modernizamos, no diversificamos nuestra producción, en fin, se nos pasó el tren.
Ahora mi actividad no tiene ni renta extraordinaria ni el apoyo del estado. Suponéte
que tengo miles de cajas llenas de penes de goma y que me los tengo que meter en el
culo.

Suponéte.

jueves, 27 de enero de 2011

Nota de Página/12 de hoy, Suplemento Cash

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO Y EL TRABAJO GOLONDRINA
Peones rurales

(Nota de Por Enrique M. Martinez, Presidente del INTI).

Apareció el trabajo golondrina en los medios nacionales. Comenzó el reparto de culpas sobre las causas de las malas a muy malas condiciones de trabajo de las cuadrillas de desfloradores de maíz, cosechadores de arándanos o uva o tantas otras tareas manuales que subsisten en la economía agropecuaria argentina. Varias de esas labores podrían ser mecanizadas, como sucedió con la zafra azucarera o la cosecha de algodón, pero no lo son por la displicencia empresaria que apela al trabajo humano mal pago. Otras son necesariamente manuales y nadie analizó seriamente antes de comenzar la actividad –como en el caso de los arándanos– si el negocio justificaba llevar a algunos miles de compatriotas a trabajar en condiciones poco dignas. Simplemente, lo pusieron en el costo, les dio bien y avanzaron.

En este burbujeo mediático sobre una actividad que tiene casi 150 años de historia, es probable que se establezcan reglamentaciones más rigurosas y sistemas de vigilancia más estrictos. Sin embargo, no nos estamos haciendo la pregunta clave. ¿Es socialmente aceptable que subsista el trabajo golondrina? Una comunidad donde este tipo de trabajo es dominante, tiene algunas características asociadas:

- Además de la ausencia por meses de jóvenes y adultos en buena condición física, suelen ir las mujeres jóvenes a trabajar de empleadas domésticas en las grandes ciudades.

- Las familias quedan desintegradas en términos prácticos, a cargo de las mujeres mayores, que cuidan los ancianos, sus hijos propios y los periódicos hijos de las chicas migrantes.

- El único trabajo permanente en el lugar es el relacionado con la administración del Estado: municipalidad, policía, educación, salud. No hay huertas, no hay tambos, porque no hay quien los atienda, casi no hay producción local, siquiera de alimentos, salvo tal vez la panadería.

¿En realidad hay comunidades donde el trabajo golondrina es lo dominante? ¿No se describe un escenario que no existe? Hay al menos uno, que es el núcleo duro de oferta golondrina, que comprende a todas las ciudades que nacieron a la vera del río Dulce, hacia el sur de Santiago del Estero, la mayoría antes de la segunda fundación de Buenos Aires. Loreto, Salavina, Villa Atamisqui y varios otros pueblos, vivieron, antes y después de la colonia, de la agricultura y la ganadería menor y mayor, usando técnicas de riego similares a las del río Nilo en Egipto, ya que allí el Dulce desbordaba periódicamente y cuando se retiraba dejada el mítico limo fértil, sobre el cual crecían lujuriosos el maíz, la alfalfa, los melones.

Esta era la zona más poblada y con mejores perspectivas del sur santiagueño, hasta que se cruzó Domingo Sarmiento. El sanjuanino había tenido como tenaz opositor a su nombramiento como presidente al gobernador de la provincia, Manuel Taboada, en aquella Argentina donde no había internas partidarias ni generales, ni sufragio universal, sino roscas sangrientas. No se le ocurrió mejor revancha que diseñar la traza del ferrocarril a Tucumán sin pasar por la ciudad de Santiago del Estero, ni por ninguna de las ciudades mencionadas, sino por el este, cerca del río Salado, donde no había ninguna concentración humana. El resultado fue que a partir de 1876, en que se inauguró el tramo a Tucumán, crecieron pueblos alrededor de las estaciones de tren y la vieja civilización quedó bloqueada, sin tren, ni caminos, ni ninguna otra razón para invertir un peso allí. El golpe de gracia lo dio la construcción del Embalse de Río Hondo, inaugurado en 1950, que derivó buena parte del agua para regar otros lugares, eliminando los desbordes periódicos del Dulce.

Toda esa población quedó a expensas de los empresarios que los convocan a trabajar fuera de su tierra. El azúcar fue lo primero. Sobre todo, se instaló a lo largo de varias generaciones la idea de que eso es lo que hay. En ese contexto, el intendente de Villa Atamisqui, por ejemplo, que manifiesta ser hijo de cosechero y cosechero él mismo hace años, destaca la actitud de Monsanto, que contrata anualmente 1500 personas allí, les paga, según él, el doble que a un empleado municipal y les da confort básico en el transporte y en el destino donde trabajen. ¿Cómo negarle el derecho a ese funcionario a usar los términos relativos y elogiar a Monsanto, porque la gente cobra, según dice, 4000 pesos cada mes trabajado? ¿Cómo desprenderse, en cambio, desde un ámbito nacional, de la obligación de considerar indigno el trabajo golondrina, que ni siquiera es allí una opción sino el único modo conocido de subsistencia? ¿Lo mejor que podemos hacer se limita a reglamentarlo y vigilarlo? ¿Podremos aprovechar al menos esta oportunidad para evaluar acciones públicas de desarrollo local que liberen a esas comunidades de un destino sin familia y sin arraigo?

(La nota, en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4930-2011-01-27.html )